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Empoli en la Edad Media. La ciudad que salvó a Florencia de su destrucción.


Empoli es una ciudad muy hermosa, llena de vida, muy rica e interesante, situada junto a la orilla izquierda del río Arno, a unos 30 Km. al suroeste de Florencia.
Desde los tiempos en los que la civilización etrusca habitaba su área, la ciudad ya era conocida por su espléndida producción artesana de cristal, utilizado por artistas y orfebres etruscos en su asombrosa elaboración de obras de arte y joyas.
Cuando los romanos conquistaron ese territorio, Empoli, entonces llamada Emporium, la ciudad no sólo continuó elaborando su famoso vidrio, sino que al encontrarse entonces situada entre la Via Quinctia y la Via Salaiola, que conectaban a la ciudad con las entonces ciudades romanas más importantes del territorio, tales como Florencia, Fiesole, Pisa y Volterra, se convirtió en una ciudad comercial estratégicamente situada entre otros centros de producción fundamentales, por lo que el trueque y el transporte de mercancías pasaba necesariamente por la ya entonces muy próspera Emporium.

A principios del siglo XII, la ciudad se convirtió en un feudo de los Condes de Guidi, quienes la rodeaon de murallas y de construcciones defensivas e hicieron de ella una fortaleza prácticamente inexpugnable. Por su crucial posición estratégica, fue objeto durante muchas décadas de la codicia de la entonces República de Florencia, que tras varios intentos fallidos de hacerse con ella, en 1182, forzó a los Condes de Guidi a jurar lealtad a Florencia. De este modo, a mediados del siglo XIII, los florentinos obligaron a los Condes de Guidi a venderles el feudo por el precio que Florencia había establecido.

Empoli, de larga tradición guibelina, contrariamente a Florencia, gobernada entonces por los güelfos, fue la sede del famoso Consejo Guibelino de Empoli, que tuvo lugar en Septiembre de 1260, al poco de la derrota de Florencia en la célebre Batalla de Monteaperti, librada en el área territorial de Empoli. El artífice de dicha derrota fue Manente degli Uberti, más conocido como "Farinata", quien estuvo al mando de las tropas guibelinas de Siena y de Pisa (leales al Emperador) en contra de las muy poderosas tropas de Florencia (partidarias del Papa). Manente degli Uberti, considerado uno de los máximos militares del territorio toscano de su tiempo y hombre de gran cultura, de una lealtad intachable hacia la facción guibelina era, además, vástago de una de las principales familias de la aristocracia guibelina de Florencia, que había padecido una persecución indecible por parte de los güelfos.
El Consejo, mantenido en forma de asamblea, compuesto por los principales exponentes guibelinos, votó unánimemente a favor de la destrucción de Florencia, no solo por venganza hacia las tradicionales tropelías de los güelfos que, habían estado arremetiendo sistemáticamente contra las propiedades de los guibelinos y contra sus vidas, sino para asegurarse, al extirpar de raíz su enorme poder, que dichas barbaridades no volvieran a repetirse en un futuro.

Pero, Manente o Farinata degli Uberti, como prefiráis llamarle, se alzó en contra de la determinación tomada y, desenvainando su espada, juró por su honor que con el mismo coraje y lealtad que había defendido la causa guibelina, a la que seguiría defendiendo mientras le quedara un soplo de vida, defendería a la ciudad de Florencia, que le había visto nacer, de tan vil resolución, ahora que estaba derrotada.

Así se salvó Florencia de ser reducida a cenizas.

Como era previsible, una vez restablecido el poder güelfo, Florencia no sólo se olvidó que le debía la vida y su resurgimiento a "Farinata" degli Uberti, sino que arrasó todas las propiedades de su familia, quienes, "con una mano delante y otra detrás", como quien dice, tuvieron que exilarse de la ciudad.
Además, las autoridades florentinas se las arreglaron para denunciar a "Farinata" por herejía, basándose en que éste había manifestado que el Papa no debía interferir en el poder del Emperador. Manente degli Uberti tuvo que pedir asilo a Siena, la cual se lo concedió inmediatamente, con tal de salvar su vida y la de su esposa.
"Farinata" vivió y murió como el gran caballero que fue, dando un colosal ejemplo de generosidad y de coherencia con su elevado sentido de la ética.
No obstante, no solo los ciudadanos de Empoli, sino también los historiadores, se siguen preguntando lo distinto que habría sido el destino de Empoli si se hubiera mantenido el dictámen del histórico Consejo Guibelino, pues si Florencia hubiera desaparecido de la faz de la tierra ¿Cuál habría sido la capital de la futura Toscana?

A vosotros mismos la hipotética respuesta, después de visitar la emblemática Empoli y de sumerigiros un poco en su fascinante historia que, por supuesto no termina en la Edad Media, sino que sigue y sigue con episodios de lucha y de resistencia, a cual más significativo e impresionante.

Sylvia.







































































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