Casas Rurales con Encanto

El Archipiélago de Toscana. La Isla del Giglio.




No se si será el buen tiempo, extraordinariamente bueno, para tratarse del mes de noviembre, pero el caso es que hoy estoy motivada para hablaros de esa pequeña joya del Archipiélago de Toscana, que es la Isla de Giglio.
Para situarnos un poco, os voy a recordar que dicho archipiélago está formado por 7 islas: Gorgona, Capraia, Elba, Pianosa, Montecristo, y Giannutri, además de la que hoy nos ocupa.
Las islas están incluidas en el Parque Nacional del ArchipiélagoToscano, instituído como territorio protegido en 1996, y es el mayor parque de Europa de esas características, ya que su superficie total alcanza casi 18.000 hectáreas de tierra firme y más de 61.000 de mar. Las islas pertenecen, según su situación geográfica, a la provincia de Grosetto o a la de Livorno.

La Isla del Giglio es la segunda en dimensiones, detrás de la de Elba, y al encontrarse solo a 16 Km. al oeste de Monte Argentario, pertenece a la sureña provincia de Grosseto.
Cuenta con una extensión de 21 Km. cuadrados y solo el 10% de su territorio está habitado. El 90% restante es pura y maravillosa naturaleza agreste, en la que crece una vegetación protegida, compuesta por la flora mediterránea más variada y exuberante imaginable, en las que se incluyen algunas áreas boscosas intrincadas, pobladas por árboles inmensos y antiquísimos.


Los habitantes de la isla y el turismo de alto nivel que para en la Isla del Giglio, constituido en gran parte por extranjeros e italianos que la han escogido como lugar habitual de vacaciones , está fundamentalmente condensado en las tres localidades que posee la isla, todas ellas de singular belleza, muy distintas entre sí, ya que sus características arquitectónicas responden a su respectiva ubicación en la isla, por lo que también son diferentes las identidades históricas y culturales de cada una de ellas: Giglio Porto, Giglio Castello y Giglio Campese.

La superficie de la isla es esencialmente montañosa, siendo la cima más alta la del monte llamado Poggio della Pagana, con una altitud de casi 500 metros sobre el nivel del mar.
Sus 28 Km. de costa están formados por acantilados vertiginosos que descienden hasta el mar y componen tanto tramos de costa de composición exclusivamente rocosa como calas de distintas dimensiones cubiertas de arena finísima y muy blanca, rodeadas de un mar tranquilo, de aguas transparentes y sin la más mínima contaminación, habitado por una fauna tan diversa como espectacular. De hecho, la Isla del Giglio está considerada un paraíso para quienes practican el buceo, así como para la numerosa población pescadora de la isla.

En la isla se han encontrado una serie de objetos y de artilugios prehistóricos que atestiguan que ya estaba habitada en la Edad de Piedra. Después, los etruscos, gracias a su privilegiada posición estratégica, la convirtieron en un campamento militar. Hacia el siglo III a.C., los romanos se apoderaron de la isla y se dedicaron a explotar sus minas de granito y a transportarlo a las costas del litoral de Toscana y de la cercana región de Lacio, para comercializarlo después en múltiples puntos de la península itálica. De hecho, un buen número de mansiones y de templos de la propia ciudad de Roma contaban con piezas de granito de la Isla del Giglio. De tal forma, que la isla adquirió un importante status económico y una flota mercantil sobresaliente para la época.
A lo largo de los siglos, tanto por sus características estratégicas, por su riqueza, como por su belleza intrínseca, siguió siendo un lugar codiciado y, por ende, disputado por los muchos gobiernos que, siempre a la gresca entre ello, regían Toscana.

La isla fue primero propiedad privada de la poderosa familia patricia Domizi Enobarbi, emparentada con la familia imperial. Uno de sus vástagos, el cónsul Gnaeo Domicio Enobarbi - que también poseía la más pequeña y paradisíaca Isla de Giannutri - contrajo matrimonio, por decisión sumarísima del Emperador Tiberio, con Agripina "La Joven", cuando ésta contaba con unos 14 ó 15 años. Del matrimonio nació Nerón, que llegaría a ser Emperador de Roma, gracias a que su madre, mucho más tarde, y ya dos veces viuda, se casó con su propio tío, el Emperador Claudio, en el año 49 d.C., haciéndole adoptar a Nerón, que de este modo se hizo con el trono que, de otro modo, habría recaído en Británico, hijo biológico y legítimo de Claudio. Pero es sabido que la proverbial belleza de Agripina "La Joven", y los efluvios mágicos del mar Tirreno, que envolvían su porte y carisma, causaron un sinfín de estragos en la cuna del Imperio...
En el siglo IX, el Emperador Carlomagno donó la isla a los monjes de la "Abbazia delle Tre Fontane", cuya sede se encontraba en Roma. Los monjes se la quedaron, tan contentos, hasta mediados del siglo XIII, cuando empezó a pasar de mano en mano entre los señores feudales de turno de los territorios peninsulares más cercanos: los Aldobrandeschi, los Pannocchieschi, los Caetani y, finalmente, los Orsini. Después, la isla fue a incrementar los dominios de la República Marinera de Pisa, quienes amurallaron la bellísima localidad de Giglio Castello, en lo alto de la isla, que conserva intacto tanto el trazado de ciudadela medieval como su fascinante arquitectura.
Por fín, tras otras manos, en 1559, Doña Leonor Álvarez de Toledo, hija del virrey de Nápoles y esposa de Cosimo I de' Medici, entonces Duque de Florencia- por decisión sumarísima de su padre, a través del Emperador Carlos I de España y V de Alemania (esos emperadores que se metían en todo...) - compró la isla para sí y para sus hijos. Doña Leonor, aunque señora de muy buena presencia, no poseía tantos encantos naturales como Agripina, ni, por supuesto su perfidia, pero sí era, además de muy culta, refinada e inteligente, una de las mujeres más poderosas de la entonces más que subdividida Italia. A la muerte de Doña Leonor, la isla siguió en poder de los Medici hasta la extención de esa dinastía. Después, reinarían en Toscana los Habsburgo-Lorena quienes, a excepción del periodo bonapartista, la gobernaron hasta la unidad de Italia.
Me estoy dando cuenta que debo de llevar escritos un montón de folios, de manera que la belleza de la isla, su historia apasionante - objetivo constante, durante siglos y siglos, de la piratería sarracena - os toca ahora a vosotros descrubrirla y desentrañarla.
Sé que también hace un tiempo espléndido por ahí, por lo que no es cosa de seguir esperando ¿No os parece?
Sylvia




Popular Posts