Casas Rurales con Encanto

La ciudad de Lucca y la Iglesia de San Michele in Foro




La ciudad de Lucca, capital de la provincia del mismo nombre, está situada al noroeste de Toscana, a orillas del río Serchio. Tras de sí está el majestuoso Apenino Toscano Emiliano y, aún más cerca, el soberbio Parque Natural de los Alpes Apuanos, declarado reserva natural por la UNESCO, en 1985. Todo ello, en el ésplendido territorio de Garfagnana, de gran riqueza agrícola y especialmente célebre por sus olivares, bosques de castaños, lagos y altísimas montañas desnudas, como el Monte Pisanino, a 1.945 metros de altura sobre el nivel del mar, lo que permite practicar durante todo el año los más diversos deportes.
Frente a Lucca, a escasos kilómetros de la ciudad, está la famosa Costa de Versilia, bañada por el Mar Tirreno, que de norte a sur se extiende desde Marina di Carrara hasta Marina di Torre del Lago Puccini, pasando por localidades de vacaciones de prestigio internacional como Viareggio y Bagni di Lucca, por poneros solo un par de ejemplos y no parecer una guía turística... que ni lo soy ni hay nada que esté más lejos de mi intención.
Considerad, pues, este prefacio a la ciudad de Lucca como una simple nota informativa para situaros geográficamente y poder, así, acceder a ella con soltura, con una cierta idea acerca de la diversidad natural y de ocio que contiene el territorio en el que está emplazada.
No sé mucho más. Llevo pocos días en Lucca y en sus alrededores y no dejo de descubrir maravillas artísticas , históricas y naturales, cuya belleza y abundancia me apabullan.
La ciudad de Lucca es una joya exquista e insólita por la que no parece discurrir el tiempo. Ese sentido de lo atemporal que la caracteriza se debe, en mi opinión, no solo a estar totalmente recluida entre las murallas más impresionantes y extensas que he visto en Europa (de más de 4 km. de extensión) sino a la perfecta conservación del trazado urbano proyectado por los romanos cuando, en el año 177 a.C. , la convirtieron en colonia del Imperio.
Lo anterior, sin hacer de menos, por supuesto, al modélico mantenimiento de toda su riqueza arquitectónica, fundamentalmente medieval, si bien salpicada de impresionantes edificios y palacios prerrenacentistas, renacentistas, barrocos y neoclásicos, así como de fascinantes estructuras "art noveau".
No obstante, me voy a detener en describiros, muy por encima, una de las iglesias más bellas, delicadas e infrecuentes que he visto jamás. Se trata de la Iglesia de San Michele in Foro.
Su fachada, de una hermosura conmovedora - de esas que hacen que a uno se le salten las lágrimas de felicidad por el descubrimiento y el subsiguiente reconocimiento de una obra de arte máxima, en el sentido literal del término - es mucho más alta y grandiosa que la iglesia en sí misma.

Se empezó a construir en el siglo XII y se concluyó en el XIV ¡Doscientos años seguidos, sin interrupción, para construir la fachada de una iglesia, que no estamos hablando de una Catedral!
Pero, cuando la veáis os parecerán pocos para lograr tamaño prodigio.

La parte inferior está formada por una serie de arcos ciegos con estatuas delicadísimas en las esquinas y la espléndida puerta de entrada en el centro.
La parte superior de la fachada se compone de cuatro logias superpuestas, cuyo tamaño disminuye según se va alcanzando la cúspide. Los arcos gráciles y elegantes que conforman las logias se sustentan en incontables columnas esbeltas de distinta factura. Ninguna de ellas es igual a la otra. Unas están talladas, otras tienen forma de espiral, otras están ornamentadas con franjas, etc. De igual manera, su altura es diferente. Además, en la fachada se observan incrustaciones maravillosas; las lunetas y rosetones de la iglesia, que se transparenta tras la fachada, así como trabajos de tallado que parecen encajes principescos.
¿Os acordáis de los encajes de bolillos? Exacto, a eso me refiero.

Pero aquí no termina la fachada. Sobre la cornisa que corona la última y más pequeña de las logias se encuentra la impresionante estatua, de 4 metros de altura, del Arcángel San Miguel dando muerte al Dragón, con sendos ángeles, de menor tamaño, a cada lado.

Al atardecer, cuando el sol se levanta por el extremo derecho se vislumbra un brillo que procede de la mano del Árcangel.
Es una sensación mágica, casi como si se tratara de un milagro. Ahora bien, me quedé atónita cuando me contaron que ese brillo no eran ilusiones mías ni de los que estaban a mi lado embobados contemplando la fachada, sino el centelleo del valioso diamante que, al parecer, está incrustado en el anillo que el Árcangel luce en la mano.

¿Dónde estáis los que me estáis leyendo? Tomad el primer avión que salga con destino a Pisa, a unos 20 minutos de distancia en coche, y venid aquí, conmigo, y que me aspe aquel de vosotros que no tenga que esforzarse para contener las lágrimas ante la contemplación de la Iglesia de San Michele in Foro: la belleza en estado puro.

Sylvia






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