Casas Rurales con Encanto

Badia a Passignano

Acabo de regresar de visitar la maravillosa Badia a Passignano, un impresionante conjunto monástico fundado en el siglo XI, que se encuentra en el territorio de Chianti, a poca distancia de Montefioralle y de Tavarnelle Val di Pesa.
La Abadía pertenece a la orden de Vallombrosa, observante de regla Benedictina. Los monjes de Vallombrosa, además de una vida estricta entregada al culto, se distinguieron por sus insignes cualidades intelectuales, ya que durante siglos se dedicaron al estudio y a la propagación de distintas ramas de la ciencia, de las lenguas orientales, de la música y de la literatura.

Por poneros sólo un ejemplo, Galileo Galilei inició aquí su formación científica y, posteriormente, la Abadía le invitaría como profesor del curso académico 1587-8, para transmitir su sabiduría a los novicios y a los monjes más jóvenes.

Su fundador, San Giovanni Gualberto (patrón de Chianti) procedía de una familia noble y, lejos de querer alcanzar algún lugar preeminente en la sociedad, no quiso ser más que monje.

En 1049, se iniciaron las obras del Monasterio. Con el tiempo, los monjes obtendrían el castillo vecino y las demás construcciones adyacentes. Así fue como, en medio de la soberbia naturaleza del territorio de Chianti, se formó este enorme conjunto religioso, cuyo aspecto exterior es el de una ciudadela cuadrada con un torreón en cada esquina.

Através de una amplia avenida, rodeada de cipreses se entra en el hermosísimo patio interior, al que asoman la mayoría de los edificios que componen la Abadía. Una vez en el patio, hay un atrio descubierto por el que se accede a la Iglesia de San Michele Arcangelo, construída en el siglo XIII y restaurada posteriormente. La iglesia, en perfecto estado de conservación, mantiene todas las características medievales y su altísimo y esbelto campanario. Tiene una sola nave de crucero y un ábside semicircular del que se eleva una cúpula completamente afrescada por Antonio Donati y Antonio Fabbrini.

En el siglo XVI, Fray Michele Confetto, estudioso de lenguas orientales, grabó la sillería de madera del coro con inscripciones en griego y en hebreo.
Además de estas preciosidades, la iglesia conserva magníficas obras de arte, como: la "Trinidad" de Lorenzo Lippi, sobre el Altar Mayor, y un órgano de sonido majestuoso, encargado expresamente, a principios del XIX, a los Tronci de Pistoia. En las tres espléndidas capillas interiores de la iglesia hay varias obras sobresalientes, como: "La Conversión de San Pablo" de Cesare Dandini, del XVII, o el fantástico suelo de mármol ornamentado de la "Capilla de las Diez Almas Benditas". La Sacristía, que en sí misma ya es una obra de arte, alberga un retrato de San Giovanni Gualberto, obra de Raffaellino del Garbo, del XVI, y una terracota de Luca Della Robbia.

Frente a la iglesia, se encuentra el camino de acceso al Monasterio. Cuando entras por la puerta principal, te quedas perplejo por el espectáculo con el que te encuentras: Un plaza, que parece un patio de armas medieval, con dos torres impresionantes. A mi entender, una arquitectura tan sugestiva como casi imposible de imaginar, tratándose de la entrada a un Monasterio.

El Monasterio, bellísimo, tiene asimismo una torre del siglo XV, y dos claustros magníficos: El "Claustro del Mascherone" y el "Claustro della Meridiana".

Las estructuras principales internas son: La Biblioteca, enorme y repleta de valiosísimos libros antiguos. La Sala Capitular. El gran Refectorio, en la que se encuentra la obra cumbre de la colección de arte de la Abadía: "La última Cena", de 1476, de Domenico y Andrea Ghirlandaio, para cuya realización los dos hermanos Ghirlandaio estuvieron alojados en el Monasterio durante meses, trabajando de la mañana a la noche. Además, conserva una terracota magnífica de Santi Buglione, del XVI. Luego, se puede visitar la inmensa cocina con características de la época.

En 1986, tras más de 100 años de secularización de la Abadía, los monjes de Vallombrosa volvieron a integrarse en ella. Actualmente, es una comunidad pequeña compuesta por cerca de 40 monjes.

La Abadía se puede visitar sólo los domingos. Os lo digo para que lo tengáis en cuenta. No vaya a ser que por un despiste... os perdáis esta maravilla.

Después o antes de visitarla, podéis comer, según el tiempo que haga y lo que os apetezca, tanto en plan de "picnic" en el campo, o donde he comido yo hoy. Está muy cerquita de la Abadía y se llama "Osteria di Passignano". Es un restaurante exclusivo y excelente. Tiene fama de ser uno de los mejores restaurantes del territorio de Chianti. La cocina, aunque de tradición toscana, es creativa y está elaborada con ingredientes locales de primera categoría.

He empezado con una crema de setas con queso, finísima y aromática, y he seguido con unas pechuguitas de faisán al horno aderazadas con una salsa de vino de Chianti que eran una verdadera exquisitéz. Todo ello regado con uno de sus tintos de cultivo y producción propia: "Marchesi di Antinori" con denominación de orígen de Chianti Classico. ¿El vino? Espectacular.
Para terminar, he tomado un "tiramisú" delicadísimo y suave, hecho "en casa" como todos sus postres.
La cuenta ha subido bastante, pero en ningún caso se ha excedido ni de la calidad de la comida ni de la categoría del vino y del lugar.
Qué día más bonito y más relajante he pasado. Lo necesitaba, de verdad.


Sylvia

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