Casas Rurales con Encanto

Pienza y Bagno Vignoni


Ya es por la noche, pero estoy tan entusiasmada con las excursiones que he hecho hoy que no quiero dejar esta página para mañana.

Pienza es una pequeña y preciosa localidad renacentista, en el corazón de Val D'Orcia, donde en el año 1405, nació el Papa Pío II, miembro de la poderosa familia Piccolomini.
Cuando, a los 53 años, fue nombrado Papa, se dispuso a hacer de Pienza una ciudad que constituyera el paradigma del Humanismo renacentista. Para tal fin, encargó al arquitecto Andrea Rossellino la construcción de la Catedral (Il Duomo), su palacio papal y el Ayuntamiento.
Rossellino cumplió con los árduos e impresionantes encargos en sólo 3 años.
La Catedral, de proporciones perfectas, tiene un interior tan luminoso que parece un templo de cristal, gracias a sus enormes vidrieras. Es como estar presenciando un milagro de luz.
El Palazzo Piccolimini, fue la residencia del Papa y es austero y elegantísimo. Actualmente, está abierto al público y se pueden visitar las estancias privadas de Pío II y la magnífica biblioteca.
En la parte de atrás, hay un estupendo patio con soportales y una gran logia desde la que se avistan las laderas del Monte Amiata.
También he visitado la iglesia di Pieve di Cosignano, a las afueras de Pienza, que es donde bautizaron al Papa. Es muy bonita y tiene una peculiar torre cilíndrica.

Luego, me he ido a comer a "Il Chiostro", un exclusivo hotel relais en el centro de Pienza que cuenta con un restaurante de gran prestigio en la zona. Se trata de un convento del siglo XV, completamente rehabilitado con un gusto exquisito. En una terraza, que es como un jardín colgante, tienen un restaurante con un panorama fantástico. Por lo que me he decidido por comer al aire libre y disfrutar de las vistas. He tomado una deliciosa "bruschetta" y un suculento bistec "a la fiorentina". ¡Qué barbaridad! ¡Qué bueno estaba!. Para no indigestarme, de postre he pedido un sorbete de limón. Maurizio, el maitre, me había aconsejado un tinto excepcional: "Vino Nobile" de Montepulciano, que ha sido un acierto en plena regla.
Estaba tan feliz que no he querido marcharme sin felicitar antes al cocinero, Rosario (en Italia es un nombre masculino). Como ya había hecho muy buenas migas con Maurizio, me lo ha presentado enseguida y he term¡nado dándoles un abrazo a los dos, además de prometer volver un día de estos. He pagado 45 euros, lo que está muy bien para un sitio tan especial.

A continuación, he cogido el coche y me ido a Bagno Vignoni, con la intención de darme un buen paseo por esa cercana y reconocida localidad balnearia. El pueblo es encantador y su estructura ha permanecido tal cual era en el siglo VXI, en los tiempos en que la familia Amerighi administraba la ciudad. La plaza principal es sorprendente, ya que su entorno arquitectónico está alrededor de una inmensa piscina de aguas termales en ebullición.
A tomar estas aguas, han venido a lo largo de los siglos personajes históricos tan ilustres como el Papa Pío II, Santa Caterina de Siena y Lorenzo el Mágnifico. De hecho, varios de los espléndidos edificios que rodean la plaza los proyectó el arquitecto Rossellino ( ¡El Papa no se desprendía de él ni a tiros!). Me han llamado mucho la atención los soportales de esta plaza, construídos en honor a Santa Caterina de Siena. Son de una delicadeza modélica. En uno de sus pilares hay una tabla de mármol incrustada, en la que están grabados los versos que el poeta renacentista sienés del siglo XVI, Lattanzio Tolomeo, dedicó a las Ninfas de las aguas.
Fuera ya del centro histórico, hay numeros y excelentes hoteles SPA en los que se alojan gentes de todo el mundo para hacer tratamientos termales y de belleza.
Por lo que me parece que para disfrutar de esas delicias voy a tener que repartirme en trocitos por todas las estupendas localidades balnearias que hay en Toscana.

Sylvia

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