
Prato es un ciudad emblemática, grande y laboriosa, situada a escasa distancia de Florencia, a unos 17 Km. al noroeste.
En Prato se conjugan una intensa actividad industrial y
ecónomica, al ser históricamente el mayor centro de producción textil y, por lo tanto, de ropa, de toda Italia, y con un casco antiguo (medieval y renacentista) de sobrecogedora belleza arquitectónica y artística, sin detrimento de su estupenda gastronomía, repostería, además de los excelsos vinos de su provincia.
Al ser una ciudad grande, rica y muy poblada, os podréis imaginar fácilmente también su calidad de vida y la gran oferta cultural que posee, por lo que hablaros sobre Prato requiríria mucho más que una página de blog, y quienes me leéis con asiduidad sabéis perfectamente que no me agrada sobrevolar sobre un montón de cosas, sino detenerme en aquello que pueda ofrecer un interés especial, algo insólito, único. Esas cosas en las que no se suele profundizar en las guías turísticas que, salvo excepciones, parecen estar escritas a "marchas forzadas", reduciéndonse siempre a lo que el redactor en cuestión considera que es suficiente o esencial para la mayoría de los lectores. Pero... ¿Y las minorías? ¿Qué se fizo de ellas? ¿Quién piensa ya en quienes la visita a una ciudad o una pequeña localidad puede ser fruto no solo de pasárselo bien durante su estancia en ella sino, además, del placer y, a veces necesidad, de contemplar una determinada obra de arte, una catedral, un castillo medieval, o la casa donde nació y vivió ese escritor, músico o pintor que, de alguna manera, ha contribuido a salvar nuestra vida de la mediocridad?
Precisamente por eso, y con independencia de vuestro credo o "non credo", hoy me voy a tomar la libertad de hablaros un poco del Sacro Cíngulo, y de la bellísima capilla de la impresionante Catedral de Prato que lo alberga.
Describir la Catedral de Prato es obra tan grandiosa como ella misma, por lo que os voy a transcribir la muy acertada observación que de ella hizo el gran novelista Curzio Malaparte, nacido en Prato, en 1898, en su obra "Maledetti Toscani", de 1956, que pese a su título no es otra cosa que un canto de alabanza a los ciudadanos de Toscana "los únicos que son libres, la única parte de Italia que nunca ha estado sometida". Sobre la Catedral de Prato, Malaparte dijo: "Me asomo a la ventana, e inclinándome hacia un lado, se me aparece de frente la fachada de mármol de la Catedral, con sus franjas blancas y verdes; el Púlpito de Michelozzo y de Donatello, suspendido en una esquina de la fachada como si fuera un nido, y el espléndido campanario que servió de modelo al de Giotto, si bien éste es más sencillo, esbelto y austero que el que construyó Giotto: es de piedra tallada, de esa piedra óptima y pulida de Prato".
Bien, pues en el interior de ese prodigio de arquitectura románico-gótica que es la Catedral de San Esteban de Prato, y entre las muchas y fabulosas capillas incluídas en la misma, se encuentra la "Cappella della Sacra Cintola", situada al principio del crucero izquierdo, construida por el arquitecto Lorenzo di Filippo, entre 1386 y 1390. Su mágnifico interior abovedado está totalmente decorado con un maravilloso ciclo de frescos de Agnolo Gaddi, en el que se representan escenas de la vida de la Virgen María, así como la historia del Sacro Cíngulo de la Virgen y de cómo éste llegó a Prato. Y eso es lo que, de manera resumida, os voy a contar hoy.
De acuerdo con lo escrito en un texto apócrifo del siglo VI a.C., aproximadamente, al morir la Virgen María, Santo Tomás fue testigo de su ascención a los cielos, recibiendo de Ella su cíngulo.
Con el tiempo, el cíngulo pasó a manos de un sacerdote y, después, de generación en generación a sus descendientes, quienes lo conservaron como un tesoro. Tras la primera cruzada, un mercader de Prato, llamado Michele Dagomari, viajó a Constantinopla o a Jerusalén (este extremo no se sabe con certeza) y allí se enamoró de la hija de un sacerdote oriental con la que se casó. El padre le entregó el Cíngulo a modo de dote. A su regreso a Prato, en 1141, no comentó con nadie lo que poseía, pero poco antes de morir se lo entregó al preboste de la antigua Iglesia de San Esteban (situada en el lugar que hoy ocupa la Catedral), a quien conto todos los prodigios que el objeto sagrado habia obrado mientras lo tuvo en su poder. A partir de entonces,tambien la población de Prato tuvo ocasión de confirmar la gran cantidad de prodigios y de milagros que obraba el Cíngulo, siendo, posteriormente, reconocido por el Vaticano su caràcter sagrado y milagroso, con la consideracion de segunda reliquia más importante de la Cristiandad, después de la Santa Faz. Motivo por el cual se construyó, para albergarlo, la maravillosa capilla afrescada por Agnolo Gaddi, a finales del siglo XIV, que es objeto secular de recurrente peregrinación mariana, procedente de todas las partes del mundo, lo que ha hecho que Prato, ademàs de su boyante industria, de su esplendido patrimonio artistico, sea una ciudad de especial interes y fortuna en Toscana y en Italia.
Sylvia
domingo, diciembre 09, 2007
Prato: La Capilla de Agnolo Gaddi y el Sacro Cíngulo.
domingo, diciembre 02, 2007
Empoli en la Edad Media. La ciudad que salvó a Florencia de su destrucción.
Empoli es una ciudad muy hermosa, llena de vida, muy rica e interesante, situada junto a la orilla izquierda del río Arno, a unos 30 Km. al suroeste de Florencia.Desde los tiempos en los que la civilización etrusca habitaba su área, la ciudad ya era conocida por su espléndida producción artesana de cristal, utilizado por artistas y orfebres etruscos en su asombrosa elaboración de obras de arte y joyas.
Cuando los romanos conquistaron ese territorio, Empoli, entonces llamada Emporium, la ciudad no sólo continuó elaborando su famoso vidrio, sino que al encontrarse entonces situada entre la Via Quinctia y la Via Salaiola, que conectaban a la ciudad con las entonces ciudades romanas más importantes del territorio, tales como Florencia, Fiesole, Pisa y Volterra, se convirtió en una ciudad comercial estratégicamente situada entre otros centros de producción fundamentales, por lo que el trueque y el transporte de mercancías pasaba necesariamente por la ya entonces muy próspera Emporium.
Cuando los romanos conquistaron ese territorio, Empoli, entonces llamada Emporium, la ciudad no sólo continuó elaborando su famoso vidrio, sino que al encontrarse entonces situada entre la Via Quinctia y la Via Salaiola, que conectaban a la ciudad con las entonces ciudades romanas más importantes del territorio, tales como Florencia, Fiesole, Pisa y Volterra, se convirtió en una ciudad comercial estratégicamente situada entre otros centros de producción fundamentales, por lo que el trueque y el transporte de mercancías pasaba necesariamente por la ya entonces muy próspera Emporium.
A principios del siglo XII, la ciudad se convirtió en un feudo de los Condes de Guidi, quienes la rodeaon de murallas y de construcciones defensivas e hicieron de ella una fortaleza prácticamente inexpugnable. Por su crucial posición estratégica, fue objeto durante muchas décadas de la codicia de la entonces República de Florencia, que tras varios intentos fallidos de hacerse con ella, en 1182, forzó a los Condes de Guidi a jurar lealtad a Florencia. De este modo, a mediados del siglo XIII, los florentinos obligaron a los Condes de Guidi a venderles el feudo por el precio que Florencia había establecido.
Empoli, de larga tradición guibelina, contrariamente a Florencia, gobernada entonces por los güelfos, fue la sede del famoso Consejo Guibelino de Empoli, que tuvo lugar en Septiembre de 1260, al poco de la derrota de Florencia en la célebre Batalla de Monteaperti, librada en el área territorial de Empoli. El artífice de dicha derrota fue Manente degli Uberti, más conocido como "Farinata", quien estuvo al mando de las tropas guibelinas de Siena y de Pisa (leales al Emperador) en contra de las muy poderosas tropas de Florencia (partidarias del Papa). Manente degli Uberti, considerado uno de los máximos militares del territorio toscano de su tiempo y hombre de gran cultura, de una lealtad intachable hacia la facción guibelina era, además, vástago de una de las principales familias de la aristocracia guibelina de Florencia, que había padecido una persecución indecible por parte de los güelfos.
El Consejo, mantenido en forma de asamblea, compuesto por los principales exponentes guibelinos, votó unánimemente a favor de la destrucción de Florencia, no solo por venganza hacia las tradicionales tropelías de los güelfos que, habían estado arremetiendo sistemáticamente contra las propiedades de los guibelinos y contra sus vidas, sino para asegurarse, al extirpar de raíz su enorme poder, que dichas barbaridades no volvieran a repetirse en un futuro.
Pero, Manente o Farinata degli Uberti, como prefiráis llamarle, se alzó en contra de la determinación tomada y, desenvainando su espada, juró por su honor que con el mismo coraje y lealtad que había defendido la causa guibelina, a la que seguiría defendiendo mientras le quedara un soplo de vida, defendería a la ciudad de Florencia, que le había visto nacer, de tan vil resolución, ahora que estaba derrotada.
Así se salvó Florencia de ser reducida a cenizas.
Como era previsible, una vez restablecido el poder güelfo, Florencia no sólo se olvidó que le debía la vida y su resurgimiento a "Farinata" degli Uberti, sino que arrasó todas las propiedades de su familia, quienes, "con una mano delante y otra detrás", como quien dice, tuvieron que exilarse de la ciudad.
Además, las autoridades florentinas se las arreglaron para denunciar a "Farinata" por herejía, basándose en que éste había manifestado que el Papa no debía interferir en el poder del Emperador. Manente degli Uberti tuvo que pedir asilo a Siena, la cual se lo concedió inmediatamente, con tal de salvar su vida y la de su esposa.
"Farinata" vivió y murió como el gran caballero que fue, dando un colosal ejemplo de generosidad y de coherencia con su elevado sentido de la ética.
No obstante, no solo los ciudadanos de Empoli, sino también los historiadores, se siguen preguntando lo distinto que habría sido el destino de Empoli si se hubiera mantenido el dictámen del histórico Consejo Guibelino, pues si Florencia hubiera desaparecido de la faz de la tierra ¿Cuál habría sido la capital de la futura Toscana?
A vosotros mismos la hipotética respuesta, después de visitar la emblemática Empoli y de sumerigiros un poco en su fascinante historia que, por supuesto no termina en la Edad Media, sino que sigue y sigue con episodios de lucha y de resistencia, a cual más significativo e impresionante.
Sylvia.
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