sábado, octubre 27, 2007

El "Palio Marinero dell' Argentario". Porto Santo Stefano




Bajo el nombre de "Palio Marinero dell'Argentario" se encuentra una de las regatas más antiguas y de mayor raigambre de Italia.
De orígenes seculares, cuando la península de Argentario, llamada Monte Argentario, situada en el extremo sur de Toscana, frente a las costas de Maremma, estaba gobernada por el Reino de España, de acuerdo con el trazado de expansión territorial del imperio español en Italia, ideado por Carlos I de España y V de Alemania, y materializado a partir de 1557, cuando el entonces Ducado de Florencia, con la ayuda crucial del ejército español, había logrado desposeer a la República de Siena, en 1555, de todos los feudos que aún conservaba en Toscana. Felipe II había sucedido a su padre en la corona española y, por tanto, se hizo también con el gobierno de los Estados Españoles en Toscana, a raíz de la suscripción con el Ducado de Florencia de los tratados de Londres y Florencia, realizada respectivamente en mayo y julio de 1557. De esta forma, la integración a España de algunos de los puertos principales del sur de Toscana, supuso para sus habitantes no solo un refuerzo significativo de sus costas, frente a las constantes incursiones de la flota turca y de la piratería sarracena, sino un sobresaliente incremento demográfico y, por ende, la adquisición de un status socioeconómico importante, además de la asunción paulatina de los componentes fundamentales de la cultura española de la época.
Sirva esta pequeña introducción para situarnos hoy, con mayor claridad, en el tema que nos ocupa, ya que incorporar un tema privándole de sus referentes históricos equivale, en cierto modo, a tomarse un trozo de pizza en un "fastfood" sin saber que "aquello" - lejos de ser un trozo de masa de harina horneada con una determinada salsa por encima, puesto de moda a bajo precio por una serie de empresarios tan "avispados" como carentes de la más mínima sensibilidad y decoro - procede del arte más exquisito de la cocina napolitana, en los tiempos en que los Borbones se enorgullecían de que la bellísima ciudad partenopéa siguiera siendo, desde hacía siglos, la capital de un reino extenso, autosuficiente, dotado de una idiosincrasia cultural y de una riqueza artística de díficil parangón en el sur de Europa.
La antiquísima tradición del "Palio Marinero" en Porto Santo Stefano, la ciudad principal de Monte Argentario, se oficializa solo a partir de 1937, mediante unos estatutos que establecen la normativa de las regatas.
Las regatas se celebran todos los años el día 15 de Agosto. En ella participan los cuatro distritos de la ciudad: Croce, Fortezza, Valle y Pillarella, representados por sus mejores remeros y timoneles.
Como es lógico, entorno a esa celebración giran las actividades de gran parte de los habitantes de esos distritos durante todo el año, pues su preparación requiere un esfuerzo común y continuado.
La carrera entre las distintas embarcaciones consta de un recorrido de 4.000 metros que se efectúa en "calles" de mar de 400 metros de longitud, o sea 10 "calles" y 9 vueltas.
Las cuatro embarcaciones, llamadas "guzzi" en Monte Argentario (una especie de canoas macizas, de peso considerable) llevan tradicionalmente el nombre de los vientos: Libeccio, Scirocco, Grecale y Maestrale. Cada "guzzo" está compuesto por un timonel y cuatro remeros.
La carrera está precedida por un espléndido desfile de carácter festivo que recorre la ciudad vestido a la usanza española de mediados del siglo XVI, portando las distintas banderas y estandartes. A las 19,15 horas, las canoas, esperan en el "Stadio Turchese" - situado en el trecho de puerto que va desde Moletto a Pace - a que el Capitán de las fiestas dispare el tiro de salida con un mosquete de finales del siglo XVI.
Desde primeras horas de la tarde, miles de personas, entre residentes y turistas, se agolpan frente al "Stadio Turchese", mientras muchos otros aguardan su comienzo encaramados a los yates o a las barcas de su propiedad, atracadas en las inmediaciones.
Este año, para evitar sobrecarga o mala distribución de peso no llevaban ni agua potable consigo. Además, por primera vez en la historia, se ha competido sin cronómetros ni contadores a bordo.
Las embarcaciones, empujadas por sus tripulantes para hacerse a la mar, estaban situados de la siguiente manera: en la primera "calle", la del distrito de Pillarella; en la segunda, la de Valle; en la tercera, la de Fortezza, y, en la cuarta, la de Croce.
Tras una carrera reñidísima entre los "guzzi" de los tres primeros distritos, pues el de Croce, por no conseguir salir a tiempo, quedó desclasificado, la victoria ha recaído en los muchachos de Fortezza, quienes tambien ganaron el "Palio Marinero" del año 2006.
Entre los vítores, el alboroto y los aplausos de los miles de espectadores, los tripulantes se han tirado al mar, como es tradición que hagan los vencedores.
El distrito de Fortezza estaba representado por: Fiorenzo Visconti, timonel; Gabriele Solari, primer remero; Mario Rossi, segundo remero; Gabriele Rosi, tercer remero) y Maurizio Coccoluto, cuarto remero.
Enhorabuena, de todo corazón, desde estas líneas que, no por ser tardías respecto al día de la victoria son menos emotivas y sinceras.
¿Os váis a preparar vosotros, para contarme quienes serán los ganadores del "Palio Marinero" de 2008?. Es una experiencia impresionante verlos remar a esa velocidad y con tanta maestría, situándose entre el gentío que vive esas singulares y difíciles carreras con la intensidad de quien le va la vida en ello.
Sylvia

viernes, octubre 12, 2007

Sovana. Los Etruscos y los Romanos. El esplendor de una ciudad tan diminuta como singular.



La foto que estáis viendo pertenece a los restos de la "Tumba Ildebranda", el mayor mausoleo etrusco jamás encontrado hasta la fecha. El impresionante monumento funerario consta de una planta de entrada, en su momento ornamentada por 12 columnas, a la que se accedía mediante dos escaleras de piedra, y otra subterránea, en la que se emplazó una grandiosa cámara funeraria. La "Tumba Ildebranda" se encuentra en la fabulosa necrópolis etrusca de Sovana, en el territorio toscano de Maremma, cerca del linde con la región de Lacio. Tanto la "Tumba Ildebranda" como toda la necrópolis está excavada en la roca de toba volcánica. Se accedía, y áun se accede, a través de le "vie cave", los caminos amurallados que los etruscos abrieron en la roca para trasladarse de una zona a otra, así como para atrincherarse en caso de guerra.

La "Tumba Ildebranda" procede de entre los siglos III y II a.C. y la descubrieron, en 1924, los hermanos Rosi. Ignorando, lógicamente, quien hubiera podido ser el destinatario de tan prodigioso monumento, le concedieron el nombre del hijo más ilustre de la ciudad de Sovana: Ildebrando de Soana, nacido alrededor del 1020, y elegido pontífice en 1073 con el nombre de Gregorio VII, al que se le conoce como a uno de los papas más cultos y combativos de la Edad Media, protagonista de las reformas más importantes de la Iglesia de esas edades. Su reforma sin precedentes está contenida esencialmente en los 27 axiomas que conforman su "Dictatus Papae", de 1075, en el que se definen con claridad cuáles son los poderes del papa y cuáles los del Emperador (Sacro Imperio Romano) en los que el último no puede interferir. Por ello, se enfrenta al Emperador Enrique IV, a quien llega a excomulgar dos veces. En 1080, el Emperador, apoyado por las altas jerarquías del clero alemán y lombardo, nombra papa a Clemente III. En el año 1084, a la cabeza de un ejército formidable, el Emperador entra en Roma, depone a Gregorio VII, concede el papado a Clemente III y hace que dicho antipapa excomulgue al legítimo pontífice. Gregorio VII muere exilado en Salerno, en 1085. Es canonizado en 1606.
Bueno, de una manera u otra, nos hemos introducido en la peculiar ciudad de Sovana, bellísima y cargada de historia. Actualmente, Sovana es una ciudad diminuta, formada por una calle principal con casas y mansiones estupendas a cada lado, las respectivas bocacalles y una plaza mayor preciosa. No obstante, su interés no solo reside en su espléndida y homogénea arquitectura medieval, perfectamente conservada, que los visitantes contemplan con la reverencia y el fervor de quien se encuentra en un santuario ligado a un pasado glorioso.

Suana, así se llamaba, fue uno de los centros etruscos más relevantes de dicha civilización, cuyo epicentro era el territorio de Maremma. Los etruscos unificaron distintos asentamientos, emplazados junto al curso del río Flora, en lo alto de un promontorio de toba volcánica situado entre los afluentes Calesine y Folonia y allí fundaron Suana.

La ciudad alcanzó enseguida una posición de primer orden en el área, donde se asentaron numerosos grupos de población campesina y cazadora que, gracias a los emblemáticos caminos excavados en la roca, pudieron comunicarse y establecer contactos comerciales con otros centros importantes como eran los de Statonia, Saturnia, Chiusi y Cetonia.


Suana, para poder hacer frente a la imparable política expansionista de Roma, estuvo aliada con la no menos poderosa Vulci hasta el siglo III a.C., época en la que Cayo Tiberio toma el territorio y lo incal Imperio. Los romanos otorgan a Sovana el grado de "municipium" y siguen impulsando el crecimiento de la ciudad, hasta el punto que la antigua Suana se convierte en una de las ciudades más ricas del área territorial, experimentando una expansión comercial significativa a causa del desarrollo de las actividades agrícolas y ganaderas y del nacimiento de una próspera industria artesanal que, hoy en día, sigue siendo una de sus carácteriscas comerciales más relevantes. No obstante lo anterior, Suana se resistió a abandonar su original cultura etrusca, en la medida que incluso en las inscripciones procedentes del siglo I a.C. se seguía escribiendo en esa lengua.

Las primeras luces del cristianismo llegan a la ciudad solo a partir del siglo IV de nuestra era. Uno de los protagonistas de la evangelización fue San Maximiliano, el patrón de Sovana.
La nueva fe tuvo que calar mucho y muy hondo y la influencia del santo, tuvo que ser del todo excepcional, pues a la vuelta de un siglo, en el V, Sovana ya fue designada sede episcopal.


¡Cuántos prodigios se daban en la antigüedad!


Sylvia







sábado, octubre 06, 2007

Más sobre Pitigliano. La Fortaleza de los Orsini y la "Pequeña Jerusalén".

Intento cumplir con mi promesa de abundar sobre Pitigliano, esta asombrosa localidad de origen etrusco y de aspecto medieval erigida sobre la planicie de una inmensa roca de toba volcánica, situada en un área del territorio de Maremma, conocida como "Las ciudades de Toba" e integrada en la Reserva Arqueólogica de dicho territorio. Imaginaos el grado de interés cientifíco, histórico y arquitectónico que alcanzan ese áerea y la propia Pitigliano para merecer ser catalogada como reserva en una región como Toscana, que ya en sí misma conforma, quizá, el mayor museo al aire libre existente en occidente.
Por su perfecta posición estratégica natural, el pueblo fue transformado en ciudadela desde la Alta Edad Media. Para ello, bastaba con fortificar su único lado de acceso, el del este, ya que la propia roca ya amurallaba los otros tres. A ello se dedicó la familia Aldobrandeschi, que entre los siglo IX y finales del XIII, estableció su feudo en el área. Seguidamente, Pitigliano pasó, por la vía de dote matrimonial de Anastasia degli Aldobrandeschi, a manos de la poderosa dinastía romana de los Orsini, al contraer nupcias con Romano Gentile Orsini, quienes para convertir la ciudadela en inexpugnable fortalecieron ese al lado mediante la construcción de un fortaleza descomunal que linda con un palacio no menos importante. Los Orsini, al igual que la República de Siena, eran partidarios de los Güelfos (leales al Emperador), por lo que al poco de apoderarse de Pitigliano, se sucedieron las guerras de poder entre estos y el bando Guibelino (partidarios del papado) representado fundamentalmente por Florencia y sus aliados. Tras alcanzar un acuerdo con la cercana República de Siena, también güelfa, juraron "por su cádaver" que nadie iba a arrebatarles la codiciada Pitigliano, por lo que encargaron nada más ni nada menos que al arquitecto Antonio da Sangallo "El Joven" el proyecto de readaptación y consolidación de la fortaleza, de acuerdo con las exigencias de protección de sus dominios en una época en la que Florencia se enfrentaba a Siena con la máxima violencia.
Da Sangallo englobó la antigua muralla y los tres torreones redondos existentes en una cinta más amplia con dos grandiosos baluartes laterales. De esta manera, sin necesidad de demoler lo ya construido, consiguió crear una línea defensiva no solo compacta sino estéticamente marvillosa. Pese a ello, a principios del siglo XVI, hubo que restaurar la fortaleza como consecuencia de los encarnizados ataques de los Borgia contra los Orsini. En la segunda mitad de ese siglo, Pitigliano, al igual que todo el territorio, pasa a poder de Florencia gracias a la intervención del Reino de España (Felipe II) a favor del poder de los Medici en Toscana.

Por otra parte, a comienzos del siglo XVI, empieza el flujo de hébreos asentados hasta entonces en los Estados Pontificios, que alcanza su apogeo en el terrible periodo de persecución instigado por la Contrarreforma. La población hebréa en Pitigliano llega a ser del 10% de la totalidad de sus habitantes. Los hebréos se integran perfectamente en Pitigliano y la convivencia de las dos culturas es óptima. Con el tiempo, aportan una serie de mejoras ecónomicas, sociales y culturales, como por ejemplo, la fundación de la Universidad Judía de Pitigliano, en una localidad en la que si había una escuela ya era mucho decir... Además, tras construir su propio y pequeño barrio en la localidad, habían edificado una Sinagoga bellísima, con fachada en estilo rococó (1598), así como un cementerio precioso y una serie de establecimientos y de tiendas kasher, construidas en las callejuelas subyacentes a la Sinagoga, excavando los locales en la roca de toba volcánica. Así fue como hasta la Segunda Guerra Mundial, Pitigliano era también conocida como la "Pequeña Jerusalén". Durante ese último período de persecución, deportación y masacre del pueblo hébreo, muchos ciudadanos de Pitigliano y los de los pueblos cercanos se jugaron la vida para esconderlos y salvarlos del alcance del Ejército de Ocupación Alemán en Italia y del colaboracionismo del régimen. Desgraciadamente, la mayoría no consiguió escapar del horror, pasando a engrosar las cifras abismales de víctimas del Holocausto.
Transcurrido el periodo de desolación de la posguerra, se empezó a reconstruir en Pitigliano todo el patrimonio cultural legado por los hébreos, de tal modo que actualmente está de nuevo en pie y se puede visitar de la misma manera que en los hermosos tiempos de perfecto entendimiento entre ambas culturas y, por consiguiente, de enriquecimiento mutuo. Además, en fechas recientes, se ha inaugurado el Museo de Arte y Cultura Hebréa, anexo a la Sinagoga.

Según tengo entendido, en Pitigliano quedan todavía algunos hebréos. Espero que si alguno de ellos lee esta página tenga la seguridad que muchos de nosotros, independentemiente de la generación o cultura a la que pertenezcamos, llevamos su dolor en corazones que no cesan de estremecerse.

Sylvia