domingo, enero 28, 2007

Via de' Tornabuoni: La calle de los privilegios.


Luisa y yo pasamos casi todo el viernes pasado en la famosa Via de' Tornabuoni de Florencia y en sus alrededores.
Luisa, que como sabéis trabaja en el sector de la moda, tenía que hacer una serie de cosas por ahí y yo estuve encantada en acompañarla.
La espléndida calle está situada en la parte oeste del centro histórico de la ciudad, muy cerca del Río Arno a la altura de su maravilloso "Ponte Vecchio".
La calle, que es larguísima, es una consecución de tiendas de alta costura italiana, así como de varias "grandes" marcas extranjeras, albergadas en maravillosos edificios y palacios históricos.
De manera que el simple hecho de pasear por allí ya es en sí mismo un "lujo asiático" gratuito. Otra cosa es entrar a comprarte todas las cosas ideales que, desde cualquier escaparate de Via de' Tornabuoni, hayan atravesado el lugar más chic de tu corazón. Pero concederse un caprichito de vez en cuando no tiene porqué perturbar irremediablemente una cuenta corriente y, sobre todo, es sano para el espíritu.
Como Luisa sabe de moda más que Virgilio de latín me iba comentando con todo lujo de detalles el porqué y el cómo de cada marca, modelito, accesorio, joya o frasco de perfume ante el que yo fijaba la mirada.
De una manera natural siempre he sentido inclinación por la belleza, pero mis conocimientos de "haute couture" han sido los de común administración... Gracias a Luisa, a sus sugerencias en Madrid y, ahora, en Via de' Tornabuoni y, además, a mi ya larga estancia en Toscana, creo que podría atraverme a hablar con un mínimo de conocimiento de causa.
Nuestro encantador paseo empezó por el principio de la calle , donde la firma de Salvatore Ferragamo, y su sobresaliente Museo, ocupan todo el Palacio Spini Feroni, del siglo XIII.
La visita al Museo es una experiencia que no tenéis que perderos. Allí se conservan modelos y accesorios, de los años '20 para arriba, que sirvieron para que un buen número de "divas", actrices europeas y norteamericanas, y distintas personalidades de la alta sociedad internacional, alcanzaran la cumbre de su esplendor. Asimismo, se exhiben una serie de objetos preciosos relacionados con distintos ámbitos del estilismo.
Después, fuimos recorriendo los dos lados de la calle en numeración ascendente, encontrándonos con firmas como Gianni Versace, Max Mara, Tiffany, Yves Saint Laurent, Cartier, Christian Dior, Prada (dos tiendas, la de mujeres y la de hombres) , Bulgari, Bucellati, Gucci , que también ocupa un palacio entero o casi..., Giorgio Armani, Roberto Cavalli (otro palacio o buena parte de él), Pomellato, Tod's, etc.
En las preciosas callecitas adyacentes prosigue el circuíto de alta costura. Por ejemplo, en Via della Vigna Nuova están BP Studio y Dolce&Gabbana y en la magníifica Piazza Strozzi (una plaza que merece un capítulo aparte) está el Emporio Armani.
Aproveché las visitas que tenía que hacer Luisa a media mañana, para pasar un buen rato en la Iglesia de Santà Trinità (en Piazza Trinità esquina con Via de' Tornabuoni). La iglesia, construída a mediados del siglo XI y reformada en varias ocasiones, es manierista por fuera, gótica por dentro, con algunos vestigios románicos, y además de ser bellísima y de albergar una larga serie de obras de arte, entre las que sobresalen las realizadas por Domenico Ghirlandaio y Lorenzo Monaco en el siglo XV, es una de las iglesias más elegantes por su especial armonía y equilibrio que he visto en mi vida.
Está claro que en este "anillo de oro" florentino la elegancia es el medio y la distinción el fin.
Luisa y yo nos habíamos citado para comer en la "Trattoria Marione", en Via della Spada, al ladito de Via de' Tornabuoni. Habíamos reservado con mucha antelación, para el viernes a las 14,00 horas y, así y todo, tuvimos que esperar un ratito. Ya nos habían comentado en "Chianti Hamlet" que siempre está lleno. Sin reservar es prácticamente imposible encontrar mesa.
El restaurante es popular, típico florentino y está muy bien cuidado.
Como nos habían hablado de sus célebres "bistecche alla fiorentina" pedimos sin dudarlo una para las dos, bien hecha - a ambas nos espanta la carne "sanguilonienta"- que pesaba más de medio kilo y, no obstante ¡ era de las más pequeñas!.
Mientras nos traían el "bisteccone", empezamos con un "antipasto toscano", unos entremeses a base de deliciosas verduritas conservadas en aceite y excelentes embutidos toscanos.
Para beber pedimos vino de la casa, un Chianti realmente bueno, y cuando llegó la suculenta "bistecca", con guarnición de ensalada, el aroma que desprendía ese magnífico chuletón de ternera a la brasa, nos pareció más glorioso, si cabe, que los carísimos perfumes olfateados a
primera hora de la mañana. La carne tiernísima y sabrosa. El punto de sal, perfecto.
De postre, tomamos unos "cenci" (pasta de hojaldre muy delgada y frita) deliciosos y muy ligeros, acompañados de sendas copitas de Vin Santo, un vino dulce típico toscano del que ya os he hablado otras veces. Después, café, larga sobremesa en la que nos contamos nuestras mutuas andanzas de media mañana, y la cuenta. Pagamos unos 30 euros cada una, propina incluida, lo que nos pareció de lo más ajustado para la muy buena calidad de la comida y la zona en la que estábamos.
A continuación, otra vez de tiendas por Via de' Tornabuoni, pero esta vez para comprar, además de seguir mirando todo con lupa.
En primer lugar, compramos unos foulards de seda para su madre y la mía, en una firma en la que tratan a Luisa especialmente bien (no estoy "autorizada" a deciros el nombre, lo siento de veras) y en otra, mismo trato preferencial y, por lo tanto, mismo secreto.., un bolso y un par de zapatos para cada una, de una belleza y calidad que ni os cuento. Tras esto, que si un regalito para el marido de Luisa, otro para mi hermano, otro para...
Fue un día providencial. Para ser más exactos el día de los privilegios: Via de' Tornabuoni, la Iglesia de Santa Trinità, la comilona en "Marione", la antigua y sólida amistad de Luisa y ¡El esplendoroso resultado de sus sabias sugerencias estilísticas!
Sylvia

lunes, enero 22, 2007

El "Palazzo Vecchio": Breves apuntes sobre su historia y arte.

Además de las fiestas navideñas, distintas cosas, en general muy gratas, me han retenido en Madrid, por lo que hoy estreno Año en estas páginas.
Desde este regreso a Toscana, y más concretamente desde Florencia, os deseo ante todo ¡FELIZ AÑO 2007!

El viernes pasado aterricé en esta ciudad de ensueño, de la que poco a poco os iré contando mis experiencias. Hacía un tiempo estupendo y tenía una ilusión loca solo de pensar que iba a volver a pisar el suelo de Toscana, esta tierra espléndida y entrañable que me ha deparado tantas alegrías desde que, en Octubre del pasado año, decidiera pasar en ella una larga temporada, para recorrerla con detenimiento.

En esta ocasión no he venido sola. Me acompaña mi buena amiga Luisa, antigua compañera del colegio, que ahora trabaja en el sector de la moda. Por lo tanto, Florencia se había convertido en una cita urgente e ineludible para ambas, aunque mis querencias no tengan la voluptuosidad tangible de las sedas, tules y terciopelos.
Tenía sed de Dante, hambre de historia y necesidad de conmoverme una vez más con Paolo Uccello y de extasiarme ante Domenico Ghirlandaio y Giorgio Vasari, por citar solo a tres grandes de entre los muchos gigantes que sustentan la historia del arte en Toscana.
Además el tres es un número mágico... Tres son los libros de "La Divina Comedia"; de treinta y tres cantos está compuesto cada uno de ellos y tres son las sílabas del adjetivo y del sustantivo que dan título a esa obra genial. ¿No es acaso razón suficiente?.

Nos hemos alojado de nuevo en "Chianti Hamlet", ya que no solo es una mansión preciosa sino que está muy bien comunicada con Florencia, lo que permite poder llegar con el coche rápidamente a la capital y, por otra parte, disfrutar del sosiego y belleza de Chianti.

No os podría decir si nos lo jugamos a los "chinos" o a los "turcos", pero el hecho es que el sábado empezamos por el Palazzo Vecchio, también conocido como "Palazzo della Signoria".

El Palazzo Vecchio está situado en la zona este del casco antiguo de Florencia y uno de sus frentes asoma a la Plaza della Signoria, que es en sí misma un espectacular galeria de arte al aire libre.
El Palacio es, actualmente, la sede del Ayuntamiento, pero por encima de todo es un museo excepcional que ha sido testigo de cargo de casi ocho siglos de historia apasionante.

Arnolfo di Cambio fue el arquitecto elegido, a finales del siglo XIII, para construir esta inmensa estructura cuyo exterior tiene una indiscutible estética defensiva.
En el Palacio está incluída una altísima torre almenada, de unos 95 metros de altura, popularmente conocida como la "Torre d'Arnolfo", con un campanario gigantesco desde el que se domina toda la ciudad.

Que el Palazzo Vecchio se edificara con las características de una fortaleza se debía, fundamentalmente, a que su fin principal era el de albergar a la Signoria, compuesta por el Consejo de la Ciudad y la Alta Magistratura.

Durante el gobierno de Cosimo de Medici "El Viejo" (segunda mitad del siglo XV) se acometió una reforma notable de su interior con la construcción del "Salone dei Duecento" (Salón de los Doscientos) y del Primer Patio, bajo la dirección del célebre arquitecto Michelozzo.

A finales del siglo XV, el dominico Girolamo Savonarola - eminencia gris de la democracia teocrática en la que se fundamentaba la República de Florencia, instaurada tras la caída de los Medici, cuando Carlos VIII de Francia invadió sus territorios - encarga al extraordinario artista y arquitecto Simone del Pollaioulo la construcción del "Salone dei Cinquecento" (Salón de los Quinientos), para poder reunir a todos los miembros del "Consejo Mayor" de Florencia, así como el Segundo Patio.
Para dar soporte al peso del enorme Salón, el arquitecto erige en ese patio una cantidad asombrosa de columnas gigantescas.
El conjunto es tan impresionante que, en mi opinión, está más allá de lo imaginable. Luisa y yo nos quedamos sin aliento. Éramos incapaces de articular palabra.

En el siglo XVI, el genial Giorgio Vasari agrandaría aún más el "Salone dei Cinquecento" y, asimismo, afrescaría sus techos y decoraría su interior. Las obras más sobresalientes ahí expuestas son: "El Genio de la Victoria", de Miguel Ángel; seis esculturas de mármol conocidas como"Los Trabajos de Hércules", de Vincenzo Rossi y otras dos del mismo escultor, que representan, respectivamente, al Papa León X y "La coronación de Carlos I de España y V de Alemania por el Papa Clemente VII".
De Vasari también son: la fabulosa escalinata que conduce a la segunda planta del Palacio; otras estructuras bellísimas de esa planta que conforman los aposentos privados de Leonor Álvarez de Toledo, esposa del Gran Duque de Toscana, Cosimo I de Medici, y lo que podría considerarse, en cuanto a arquitectura interior y exterior del "Palazzo Vecchio", el paradigma de la genialidad: "El Corredor Vasariano" que, a través de una puerta de la "Camera Verde" (uno de los aposentos de Leonor Álvarez de Toledo, cuyos techos están afrescados por Ridolfo del Ghirlandaio) ¡¡¡Conduce al Palazzo Pitti!!!, al que la Gran Duquesa quería trasladarse a toda costa...

Si me pusiera a enumerar la ingente cantidad de salones, salas y saloncitos que contiene el "Palazzo Vecchio" y las incontables obras de arte que alberga, tardaría mucho más que si os venís para acá y lo contempláis con vuestros propios ojos.
Vosotros seríais más felices y yo podría pasar a comentaros brevemente uno de los episodios más interesantes y, también, más escalofriantes de la historia del "Palazzo Vecchio" y de la Piazza della Signoria, sucedido a finales del siglo XV.

En una de las celdas de la emblemática "Torre d'Arnolfo" pasaría las últimas semanas de su vida el dominico Girolamo Savonarola.
Su carisma y su forma de predicar o de hacer política - que venían a ser lo mismo en aquella época de indivisibilidad entre Iglesia y Estado - desataron pasiones muy contrastadas entre los
ciudadanos. Por otra parte, la clase civil dominante y las altas jerarquías de la Iglesia eran conscientes de que tras la aparente demagogia y exaltación del docto y puritano eclesiástico, fiel al ideal evangélico y paulino del cristianismo integral, se hallaba un lúcido utopista que, de seguir en su elevado cargo público, podría llegar a provocar un resquebrajamiento institucional. En una de sus predicaciones en la Catedral de Florencia, llegó a decir:

"Una Iglesia que devasta, que ampara a las prostitutas, a los jovenzuelos licenciosos y a los ladrones y, sin embargo, persigue al pueblo honesto y perturba la vida cristiana no está inspirada en Jesús sino en el diablo, al que se puede combatir y se debe hacerle frente".

De manera que el Papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) le convocó a Roma, pero Savonarola no acudió. El Papa le excomulgó y, a continuación, ordenó su detención. Por último, impulsó "entre bambalinas" su condena a muerte.
Se le imputaron 17 cargos y, salvo la desobediencia al Papa, muy difíciles de probar, aunque ya es sabido que lo no existe se construye...
Entre otros, se le acusó de sedición, herejia, falsa profecia y error religioso.

Tras atroces torturas, el 23 de Mayo de 1498, fue ahorcado y quemado en la Plaza della Signoria junto a dos de sus más leales y valerosos seguidores: los también dominicos Fray Silvestro y Fray Domenico da Pescia.

Antes de ser ejecutado, un clérigo le dijo: "Mueres separado de la Iglesia militante y de la triunfante". Savonarola respondió: "Me habéis separado de la militante, la otra no es cuestión vuestra".

Entre sus numerosos escritos hay, por lo menos dos, que no conviene descartar para comprender, o intentarlo, el pensamiento de Girolamo Savonarola: "El Tratado sobre el gobierno de Florencia" y "El Tratado devoto y útil de la humildad".

¿Sabéis que ni Luisa ni yo hemos cenado todavía? Menos mal, que tenemos unas provisioncillas compradas aquí y allá, pues a estas horas ya me contaréis...

Sylvia