martes, noviembre 28, 2006

Colle Val d'Elsa: De sorpresa en sorpresa.


El sábado pasado, Glenda y yo estuvimos pasando el día en Colle Val d'Elsa, en el corazón de Toscana. Ahí donde Cupido ataca...

Colle es una ciudad tirando a pequeña, pero interesantísima, con una gran densidad de población debido, fundamentalmente, a ser el centro de mayor producción de cristal de Italia, deteniendo una cuota del 15% de la industria internacional. Otra más de las gratas y apabullantes sorpresas con las que te vas encontrando en Toscana tan pronto como pisas una ciudad, un pueblo o incluso una aldea.
Pero las sorpresas en Colle Val d'Elsa siguen...

La ciudad, en la cima de una preciosa colina junto al río Elsa, está dividida en tres distritos. Los dos más antiguos, con una aquitectura espléndida, principalmente renacentista y manierista, se conocen como Colle Alto y, el otro, que está situado en la parte inferior de la colina, es Colle Bajo. Así de fácil. Ahí es donde se encuentran las industrias y las tiendas estupendas de cristalería y objetos artísticos de cristal: Ese que al chascar los dedos sobre su supercie suena como una campanita.

Además, Colle Val d'Elsa es otro importante yacimiento de arqueología etrusca en Toscana. (Digo "otro", ya que desde que estoy aquí, aunque sea pecado mortal, confieso que he perdido la cuenta). De hecho, la ciudad cuenta con un Museo Arqueólogico de dimensiones más bien modestas, pero de valor incalculable por las magníficas urnas funerarias, vasijas y demás objetos de gran belleza que alberga.

En el siglo XI, el entonces pueblecito empieza a industrializarse mediante la construcción de distintos canales artificiales de agua, procedente del río Elsa, que abastecían de energía a los molinos de trigo, así como a las manufacturas de papel y cristal. En el siglo XVI, las viejas industrias dan paso a otras nuevas dedicadas al acero y a la fabricación de un cristal de una calidad fuera de serie. Por lo visto, esa transformación industrial fue, en gran parte, mérito de la familia del que fuera el primer obispo de la ciudad, Usumbardo Usumbardi, en el siglo XVI.

Sigo:

Aquí nació, en 1245 el célebre arquitecto y escultor Arnolfo di Cambio quien, en otras maravillas, diseñó los planos para la construcción de la Catedral y de la Iglesia de la Santa Cruz de Florencia. Murió en esa ciudad en 1310.


Y hablando de arquitectura resulta que, tras la destrucción parcial que padeció la entonces ciudadela, en 1479 - cuando, primero, la sitía el ejército del Duque de Calabria y, después, la devasta - la reconstrucción de sus nuevas y aún más sólidas murallas se encarga a tres insignes arquitectos florentinos, tales como Giuliano da Sangalo, Cecca y Francione.

Ahora, para rematar la riqueza arquitectónica de esta ciudad, sin necesidad de describiros uno a uno los palacios y mansiones situados en Colle Alto, todos ellos antiguas propiedades de quienes constituyeran su clase dominante, os voy a descubrir lo que en mi opinión representa su quintaesencia: El Palazzo Campana. Se trata de un edificio manierista del siglo XVI, grande y refinadísimo, obra de Giuliano di Baccio d'Agnolo, que cubre de un lado a otro el acueducto de la ciudad. Tiene un espléndido y amplísimo arco inferior que hace de puerta de entrada a los dos distritos que integran la zona alta de la ciudad.


Glenda y yo, impresionadas por tantos y tan sorprendentes descubrimientos, echamos un vistazo rápido al Museo de Arte Sacro, del siglo XVII, que alberga una muy buena colección de ese arte procedente, en su mayoría, de la Escuela de Siena y nos fuimos a escape a visitar la que ingenuamente creíamos que iba a ser nuestra última sorpresa: El Museo del Cristal.

Es el único museo de Italia dedicado por entero a obras de arte de cristal. Desde lámparas, jarrones, objetos decorativos de todo tipo, a cual más bello, así como juegos de cristalería que son verdaderas joyas. Algunas muy antiguas, otras bastante menos y otras contemporáneas. En fín, de estilos muy diversos, pero todos de un gusto exquisito.


Decidimos irnos a comer a "Il Cardinale" , un restaurante que nos había recomendado un matrimonio belga que está de vacaciones en la misma villa que nosotras, Radda Chianti, y, mirad por dónde ¡ Nos encontramos ante una abadía del siglo XI! rodeada de una campiña paradisíaca. Nos quedamos tan de piedra como la propia abadía. Los belgas nos habían comentado brevemente sus excelencias culinarias, sin decirnos nada más.
Hoy en día es un Relais con restaurante precioso, muy cuidado y atendido de maravilla. Sin embargo, en el siglo XV, fue la residencia del Cardenal Giulio Della Rovere, de poderosa y noble estirpe, el 31 de marzo de 1503, sería nombrado Papa, con el nombre de Julio II, en el concláve más rápido de la Historia, o sea en cuestión de 3 ó 4 horas.

Enemigo acérrimo de los Borgia...

Os dejo con el suspense en el cuerpo, pues hoy no os voy a contar lo que tan maquiavélico personaje hizo y deshizo, ya que estoy pensando en dedicarle aquí una página enterita ¡Ya veréis! ¿Podréis aguantar la curiosidad un día ó dos?.


Levitando, en sentido literal, Glenda y yo nos dispusimos a comer. Como ya no estabamos para pensar más, nos pusimos en manos del Maitre quien, atentísimo, nos sugirió que empezáramos con un "carpaccio" de salmón salvaje (el de toda la vida...) y que siguiéramos con unos ravioli de setas (boletus) recién hechos a mano. Del vino también se encargó él y nos trajo un Vernacchia de San Gimignano (blanco) delicioso y fresquito. Nosotras encantadas, pues es un vino que nos gusta muchísimo y, casualmente, sin buscarlo ni pedirlo nos lo ofreció ese señor tan amable.

Entre sorbo y sorbo de vino, no hacíamos más que decirnos la una a la otra: "Pero ¿ será posible que estemos en el mismo lugar donde estuvo el Cardenal Della Rovere?" y Glenda, que de historia sabe lo que pesa (que es bastante...) me fue contando con pelos y señales lo que yo os tengo preparado para dentro de muy poquito. Palabra de honor.


Con la espléndida comida, recobramos en cierta medida la noción de los placeres materiales y, tras tomar café y pagar la cuenta, nos fuímos como alma que lleva el diablo a seguir incrementándalos - mientras las tarjetas de crédito tiritaban de pánico- lanzándonos a un saqueo muy chic en las tiendas de Colle Bajo donde venden esas maravillas de cristal purísimo. Compramos de todo: Unos candeleros preciosos, un juego de copitas de licor para cada una que parecían de cuento de hadas, unas bandejitas muy pequeñas en las que colocar 6 de esas copitas a lo sumo y unos búcaros altos, desnudos y estilizados.
Lo justo para que un lirio recién cortado se convierta en una doble obra de arte.


Sylvia









viernes, noviembre 24, 2006

Castellina in Chianti: Donde el tiempo se detiene.

Glenda y yo pasamos el día de ayer en Castellina in Chianti, al norte de la provincia de Siena. Aunque llovía a mantas y hacía bastante frío, bien abrigaditas y pertrechadas para el agua, nos pusimos en camino tan pronto como terminamos con nuestro desayuno en "Radda Hamlet".


Sólo por el nombre de esta pequeña e interesantísima ciudadela sabréis que nos encontramos en pleno territorio de Chianti, lo que en sí mismo ya constituye una fiesta para los sentidos.

Los orígenes de la ciudadela se remontan a los tiempos de la civilización Etrusca (como la mayor parte de la región de Toscana). De hecho, entre los muchos y valiosos vestigios de esa civilización encontrados por aquí, sobresale la Necrópolis del siglo VII a.C. hallada en la vecina colina de Montecalvario que, desde el punto de vista arqueológico, es de un interés único. Conocida actualmente como "Il Tumulo di Montecalvario" merece, en mi opinión una visita atenta y detenida ¡Os vais a quedar boquiabiertos! Por otra parte, Glenda y yo, nos enteramos mientras lo visitábamos, que los etruscos fueron los primeros productores de vino en esta zona. De manera que, entre unas cosas y otras, Castellina merece ocupar una butaca de primera fila en la espléndida platea de Chianti.


Castellina, en la cima de una bellísima colina, está rodeada por un peculiar exágono de murallas que proceden de principios del siglo XV. Tras sufrir un devastador ataque por parte del ejército aliado de Milán y Siena, los Florentinos , que entonces dominaban toda la zona, se vieron en la necesidad de reconstruir la localidad y fortificarse tras esas murallas, para evitar que les despojaran de su codiciada propiedad, cosa que no consiguieron del todo pues sus pretendientes eran tantos como poderosos. Para entendernos, digamos que Castellina era una especie de Elizabeth Taylor de la época que, por lo que he oído decir, ahora va en pos de su octavo o noveno matrimonio.

Como os decía, el ejército aliado de Milán y Siena estaban en aquella ocasión al mando del condottiere (capitán de fortuna) Alberico da Barbiano (1344-1409) fundador de la entonces tan célebre como temible "Compañía de San Jorge", formada exclusivamente por tropas mercenarias italianas adiestradas de los pies a la cabeza en el así llamado "arte de la guerra", de manera que si se les hubiera puesto por delante el Mont Blanc habrían terminado con él.

El gran éxagono de casas que se construyó literalmente unido a la cinta de murallas forma una curiosa pendiente que ha dado lugar a un pasaje subterráneo conocido como "Via delle Volte". Lleno de locales respetuosamente emplazados en esa maravillosa y singular arquitectura resulta algo tan inusual como fascinante. La verdad es que en Castellina se detiene el tiempo.

Glenda y yo, mirándonos la una a la otra, estuvimos comentando que en lugares como éste parece absurdo e irreverente pasearse en pantalones vaqueros, botas de agua y anorak, pero ¡Qué le vamos a hacer! Esa es la estética habitual en estos tiempos prosaicos que nos ha tocado vivir.

Después estuvimos visitando la Fortaleza medieval (La Rocca) que es imponente y está formada por dos estructuras anexas. No obstante quedara seriamente dañada durante la Segunda Guerra Mundial, al día de hoy se encuentra en perfecto estado y se conserva con un esmero conmovedor. Su interior es magnífico y alberga numerosas y estupendas antigüedades. Una cosa anécdotica y simpática, que quizás os sorprenda, es que en la "Sala del Capitano" que conserva sus originarios muros medievales, es donde los lugareños se casan por lo civíl.
Desde La Rocca, incluso en un día tan lluvioso como el de ayer, se divisa un espectacular panorama que recoge los fértiles prados y las idílicas colinas de la zona.

Paramos a comer cerca de la Fortaleza en la "Antica Trattoria La Torre" . La elección fue puramente intuitiva ya que en Castellina hay varios restaurantes donde dicen que se come muy bien, pero nos decantamos por éste. El interior es muy bonito y tradicional de la zona y está muy cuidado al igual que su cocina.
Tras dudar entre varios platos, el Maitre nos aconsejó que empezaramos con unas "pappardelle al cinghiale" (pasta ancha y plana con salsa de jabalí) que estaban de impresión. Además se notaba que la pasta era casera y fresquísima. De segundo tomamos ternera asada con guarnición de alcachofas. La ternera, muy jugosa, estaba deliciosa, pero lo más destacable eran las alcachofas (que aquí son enormes y sobre el verde tienen tonalidades de color violeta) que no sólo eran tiernísimas sino que tenían tal sabor a huerta que confirmaba que desconocían felizmente las cámaras frigoríficas. Regamos la comida con un estupendo tinto "Chianti Classico Castello di Volpaia" que realzaba los guisos que pedimos. De postre nos ofrecieron unos "ricciarelli" (una especie de pastelillos de mazapán con aroma de naranja) delicados y exquisitos. Café incluído pagamos unos 35 euros cada una. Desde luego no era barato, pero en honor a la verdad el precio se ajustaba a la muy buena categoría de esa trattoria.

Si hubiera hecho buen tiempo podríamos haber comido en la preciosa terraza ajardinada de la que disponen, pero todo no puede ser en la vida. Es más, creo que el día lluvioso y desapacible le confería a Castellina in Chianti un cierto aire nostálgico que la hacía aún más bella y entrañable.

Sylvia


lunes, noviembre 20, 2006

San Gimignano, la ciudadela de los rascacielos medievales.

Si os dijera que existe una ciudadela medieval, perfectamente conservada, en la que no hay una sola casa que rompa la armonía estructural, pero que tiene 14 rascacielos ¿Me creeríais?.

Por favor, contestadme sin mirar la foto.

¿No? Pues, Sí. Existe y se llama San Gimignano. En la provincia de Siena, a pocos km de esa capital, sobre una hermosa colina en el Valle de Elsa, se encuentra ese milagro. De los pocos que, sin intención que fuera tal, realizó una comunidad de ciudadanos medievales ¡Pero lo más impresionante es que se construyeron 71! Las guerras y demás catástrofes se han encargado de que sólo 14 hayan resistido el martirio de los siglos ...
Son 14 torres cuadrangulares y esbeltas que parecen querer acariciar las nubes.
Todas tienen una altura diferente pues, por lo que me he informado, cada familia o personaje de cierto abolengo que venía a residir a la ciudad construía la suya y, dependiendo de su rango, así era la altura de la torre.

Eso lo descubrí ayer domingo cuando estuve visitando San Gimignano delle belle Torri junto a mi nueva amiga escocesa, Glenda, de la que ya os he hablado recientemente.

Desde primera hora de la mañana, decidimos hacernos con la ciudadela que, además, de ese milagro que os acabo de contar, es una verdera preciosidad. Fijaros hasta qué punto que la UNESCO, en 1990, la declaró Patrimonio de la Humanidad.
Las calles están repletas de edificios emblemáticos y tanto los más señoriales como los más sencillos llaman poderosamente la atención, al componer un conjunto minuciosamente arquitectado, como si fuera un concerto grosso de Arcangelo Corelli de cuyo sólido equilibrio estructural resulta su belleza formal.

La ciudadela, aunque es pequeña - tendrá unos 8.000 habitantes, aunque los turistas la multiplican al infinito... - es riquísima en arte y cuenta con una buena cantidad de museos, palacios e iglesias que visitar. Como en un día no se pueden visitarl todos, nos decidimos por la espléndida Catedral (La Collegiata) edificada en el siglo XII y que es lugar de culto con más paredes afrescadas de toda Italia y, lógicamente, por grandes maestros de los siglos XIV y XV, sobre todo, como: Lippo Memmi, Taddeo di Bartolo, Bartolo di Fredi y el mísmisimo Domenico Ghirlandaio. Sí, habéis leído bien ¡ G H I R L A N D A I O! que afrescó la Capilla de Santa Fina, con un ciclo que representa la vida de la Santa, así como la espléndida "Anunciación" situada junto al Baptisterio.

Por cierto, en honor a Santa Fina, todos los años durante el tercer sábado y domingo de Junio se celebra en San Gimignano la "Ferie delle Messi", organizada por los "Caballeros de Santa Fina" que vestidos a la usanza medieval hacen una evocación histórica por las calles, portando estandartes, caminando en cortejo y, luego, con armaduras, cascos y escudos símiles a los de la época organizan un torneo a caballo que se llama "La Giostra dei Bastoni". ¿Os imagináis esa maravilla en esta joya de entorno? Difícilmente, supongo, por lo extraordinario del acontecimiento, pero aquí suceden las cosas más hermosas e impensables.

Después, estuvimos en la estupenda Pinacoteca del "Museo Civico", situada en el Palazzo del Popolo - el mismo en el que se alojó Dante, en el 13oo, mientras estuvo aquí en calidad de Embajador en Toscana de la "Liga Güelfa" - contemplando la maravilla de frescos, tablas y demás pinturas y obras de arte que alberga. Dentro de tanta maravilla tanto Glenda como yo nos quedamos embelesadas ante "La Escena del Matrimonio" un ciclo de frescos de Memmo di Filipucci, de principios del siglo XIV, que representa de manera sublime el amor de los esposos. Delicadísimo y emotivo, si bien tanto por el argumento como por la técnica pictórica resulta de una libertad de miras sorprendente para la época.

Tras echar un vistazo a la magnífica Iglesia de San Agustín, de finales del siglo XIII, con un fastuoso interior Rococó, obra del gran ingeniero y arquitecto Luigi Vanvitelli quien la remodeló en el siglo XVIII, nos fuimos dando un paseo hasta la hora de comer.

San Gimignano es, además, la ciudad de uno de los mejores vinos blancos de Italia: Vernaccia di San Gimignano, el primer D.O.C. de Italia, por lo que os podéis hacer una idea, sumando además todos los de Chianti, la gran cantidad de vinaterías y bodegas que hay aquí. No sólo para comprarlos sino para también para paladearlos con unos aperitivos. Por lo visto, una de las más exclusiva es "Divinorum". Echamos un vistazo por dentro y su aspecto es de lo más singular y apetecible.
En fín entre las Enoteche (así llaman aquí a las vinaterías) la belleza de las calles y plazas y la gran cantidad de tiendicitas preciosas de todo tipo, un paseo por aquí se convierte en ir soñando con los ojos como platos...

Nos paramos a comer en la trattoria "Il Castello" emplazada en el Palazzo Gonfantini, del siglo XII c, en el centro de la ciudadela. Es una especie de gran taberna medieval, ambientada con buen gusto y dividida en varias salas. También tienen un precioso patio ajardinado con vistas panorámicas, pero con el frío que hacía ayer no era el caso... Glenda y yo estuvimos en la salita "Limonaia", una de las más pequeñas. La cocina, muy buena, es tradicional y casera y su especialidad es un amplio abanico de carnes del lugar, muy tiernas y sabrosas: Desde el pollo de corral, la ternera y el buey hasta el cerdo, el jabalí y otras piezas de caza menor.
Glenda pidió para empezar unos ravioli al pomodoro e basilico, y yo unas fettuccine ai funghi porcini. De segundo compartimos una enorme bistecca alla fiorentina (chuletón de añojo) a la brasa con carbón de encina, que "a ojo de buen cubero" pesaría casi medio kilo. La experta en vinos del local (Paola, muy agradable y atenta) nos aconsejó un tinto del lugar Rosso di San Gimignano, que estaba estupendo y, en cuanto a precio, no se subía a la parra... De postre tomamos una copita de Vin Santo (un vino dulce delicioso) y unos cantucci (unos exquisitos pastelillos de almendra) que se toman mojados en ese vino.
La comilona nos supo a gloria bendita y salimos de lo más animadas.
¿Seréis capaces de resistir por mucho tiempo la tentación de veniros para acá?

Sylvia


sábado, noviembre 18, 2006

Radda en Chianti y el "Gallo Nero"


Desde el martes a última hora de la tarde que lleguè a "Radda Hamlet", me he dedicado, sobre todo a descansar, a leer, a escribir y a disfrutar de este apacible y bellísimo lugar en el que me alojo. También he hecho pequeñas exploraciones por el territorio de Chianti para ir familiarizándome con esta importante zona de Toscana, pero mi primera y verdadera excursión la hice ayer.

Por la mañana temprano, mientras daba buena cuenta del suculento desayuno-buffet que nos preparan todos los días, me fijé en unos libros en inglés depositados sobre una mesa cercana a la mía en la que estaba desayunando sola una señora de mediana edad, de aspecto sajón.
Poco después, noté que ella estaba fijando la mirada en un par de libros en castellano y en unos CD que yo había dejado en mi mesa para llevarlos al coche tan pronto como terminara de desayunar.

Así fue como, tras presentarnos, entablamos conversación al salir del comedor. Se llama Glenda, es escocesa y ha ejercido como profesora de Historia Antigua y Medieval en Edimburgo. Hace unos meses falleció su marido y ha venido a Toscana a descansar y a reponerse. Me ha comentado que su familia, desde hace varias generaciones, ha estado de vacaciones en Toscana.


Nos fuimos juntas a darnos un buen paseo por la pequeña y encantadora localidad de Radda in Chianti, muy cercana a nuestro alojamiento que, por cierto, es la sede del "Consorcio del Gallo Nero", el ente que agrupa todos los vinos de Chianti que pertenecen a una determinada zona de este territorio. El emblema es, efectivamente, un gallo negro y, por lo que me he documentado son, dentro de los vinos de Chianti, los más prestigiosos. Sin necesidad de pasar por la teoría, os aseguro que son verdaderamente extraordinarios.


El trazado urbano de Radda in Chianti es de la Edad Media y tiene forma de elipsis, así que todas las calles van a dar a Piazza Ferrucci. Estuvimos visitando esa preciosa plaza donde está el Palazzo Pretorio, que tiene más de 50 escudos de armas en su espléndida fachada. El palacio data del siglo XV, pero el ejército de Alfonso V de Aragón, de camino a Nápoles, lo destruyó en ese mismo siglo y, por lo visto, con motivo del largo y cruento "casus belli" entre Siena y Florencia , para ver quien se apoderaba de quien, y otras refriegas acecidas en siglos posteriores, no pudieron reconstruirlo hasta el siglo XVIII.
Después estuvimos visitando las iglesias de San Giusto in Salcio y de San Polo in Rocco. Las dos proceden del siglo XIV y se construyeron como si fueran dos pequeñas fortalezas dotándolas con dos altísimas torres redondas. Son tan peculiares como bonitas y sus interiores alojan algunas antiquísimas y notables obras de arte.

Decidimos irnos a comer a Volpaia, que es un pueblo diminuto y delicioso, al ladito de Radda in Chianti. Allí entramos en "La Bottega", donde el día anterior, en el bar que tienen abajo, estuve tomando un excelente Chianti y por el aroma que procedía de la cocina me dí cuenta enseguida que era un restaurante al que había tener en cuenta. El estilo es popular y muy agradable y ¡se come de miedo!. La cocina es casera y tradicional de la zona. Ellos mismos hacen la pasta a mano y los embutidos también son artesanales. Nos atendió Carla, una señora simpatiquísima, que nos pareció que era la dueña, y nos aconsejó empezar por unos embutidos hechos por ellos mismos y seguir por unas "papardelle alla lepre" (una especie de tallarines muy anchos con salsa de liebre guisada con vino tinto de Chianti) cuya pasta habían elaborado esa misma mañana. Como es natural, Glenda y yo, que queríamos darnos un homenaje, pedimos un Chianti D.O.C. "Gallo Nero" ¡que resucitaba a los caídos en las batallas de la Edad Media! . Los embutidos, muy variados y abundantes, eran exquisitos y las "papardelle" de "La Bottega" tendrían que figurar en los anales de la gastronomía local. En su punto y sabrosísimas. Como ya estábamos llenas, tomamos café y una copita de nocino (un delicioso licor de nueces) y nos pusimos a charlar tranquilamente.
Sin contar con el vino, pagamos menos de 40 euros entre las dos.

A la salida nos detuvimos en algunas de las muchas Enotecas o sencillas vinaterías que te encuentras tanto en los pueblecitos como por el camino y que están repletas de los más variados vinos de Chianti. Una vez en Radda in Chianti, entramos en la "Enoteca Toscana" que tienen todas las botellas de vinos y aceites de la zona que os podáis imaginar y allí compramos un D.O.C. "Gallo Nero" cada una.

Sylvia










miércoles, noviembre 15, 2006

Desde ayer estoy en "Radda Hamlet", en el Reino de Baco.

No creáis por el título que Don Alonso de Quijano, en vez de nombrarme Gobernadora de la Ínsula de Barataria, me ha nombrado Virreina del Reino de Baco...
La cosa es mucho más sencilla y tan real como lo que están viendo mis ojos, si bien no menos hermosa.

"Radda Hamlet" es una maravillosa y antigua casa de campo, que parece un pequeño castillo, dedicada hoy en día al turismo rural. Está situada en el corazón del territorio de Chianti, en la provincia de Siena, a medio camino entre las ciudades de Siena y Florencia. Más o menos a 30 km de distancia de la una y de la otra.

Si yo tuviera la suerte de tener una cierta influencia política en Toscana, elevaría una propuesta para que al territorio de Chianti le concedieran la denominación que se merece: El Reino de Baco.
Nunca los Dioses fueron tan pródigos en dotar a tierra alguna de 70.000 hectáreas compuestas por idílicas colinas, valles, bosques y montañas, que desde la antigüedad se dedica al cultivo de viñedos, de los que se extraen los mejores caldos de Italia y ...de parte del extranjero.
Esto, sin olvidarnos de los olivos, el otro componente fundamental de este territorio agrícola y ganadero. De esas exquisitas aceitunas procede el mejor y más refinado aceite virgen extra de Italia, de color ámbar, claro y transparente, que resulta delicadísimo y aromático para el paladar.

Con la intención de visitar este territorio palmo a palmo - sin perderme ninguno de sus castillos medievales ni tampoco los encantadores pueblecitos, pueblos y ciudades que alberga que, por lo que he ido leyendo estos últimos días, aunque cada uno posea una identidad cultural unívoca, todos ellos son pequeñas o grandes joyas en cuanto a historia, arquitectura y arte - he buscado un alojamiento ideal que permita no sólo cumplir con mis objetivos sino que sea una casa bella y apacible, con un estilo exclusivo, en la que residir confortablemente y de la que llevarse un recuerdo indeleble.

En perfecta sintonía con el lugar en la que está emplazada, me he decidido por "Rocca Hamlet". En las escasas 24 horas que llevo aquí, he visto que cumple exactamente con mis deseos.
Está compuesta por 2 estructuras anexas, conservando su aspecto original. En el interior, remodelado con un gusto exquisito, se mezclan elementos modernos con ornamentos antiguos, diseñados y distribuídos con elegancia, en la medida de no caer en la ostentación pese al valor del mobiliario y de los objetos que componen la exquisita decoración.

"Rocca Hamlet", pese a lo grande que es, dispone de 7 grandes suites para alojar a su huéspedes. Este detalle denota en sí mismo la exclusividad del lugar.

Yo estoy en la "Suite Baronale", que se caracteriza por su aire romántico debido a las vigas de madera que cubren el techo y a su delicado mobiliario antiguo, en el que destacan un armario delicioso que parece salido de un cuento de hadas, una cama enorme tan bonita como cómoda, unos cuadros preciosos y una encantadora mesa escritorio situada bajo uno de los magníficos ventanales de la suite, desde los que se contempla un panorama que es un bálsamo para el alma. El cuarto de baño, en suite, es todo de mármol toscano. Ayer, cuando entré en él por primera vez ¡Me quede estupefacta! Hace ya un día que estoy aquí y todavía dudo entre trasladar al baño uno de los silloncitos de época que hay en la suite y ponerme a leer junto a la bañera o dejarlo donde está y leer donde Dios manda...

Por si fuera poco, "Radda Hamlet" está sumergida en unas 400 hectáreas de terreno, en las que crecen olivos, viñedos, árboles antiquísimos y que, además, dan albergue a unos jardines preciosos. La pena es que estemos prácticamente en invierno pues hay una piscina gigantesca en medio de esa espectacular naturaleza en la que debe ser una gozada nadar y tumbarse después al sol con un buen vino de Chianti y unos aperitivos al alcance de la mano.

Además de leer, escuchar buena música y pasearme por las tierras de "mi nueva casa", me he lanzado al móvil y al ordenador para comunicar dónde estoy a toda mi familia, amistades, etc., con el ánimo que vengan a compartir conmigo el "virreinato" que me ha sido otorgado en el Reino de Baco.

Sylvia

lunes, noviembre 13, 2006

Castiglion Fiorentino

castel fiorentino
¡Estoy de enhorabuena! Ayer, domingo, vinieron a pasar el día conmigo dos buenos amigos italianos que hacía un montón de tiempo que no veía, ya que ahora residen en el extranjero.

Romeo y Romano, ambos periodistas, están respectivamente destacados en París y en Moscú. A causa de unas jornadas de trabajo, se encuentran ahora mismo en Siena, por lo que tras localizarme en el móvil pasamos el día de ayer juntos en Castiglion Fiorentino.

Para Romeo, que es lombardo, y para mí, la ciudad, su historia y su cultura fueron un auténtico descubrimiento. No así para Romano que, siendo toscano, conocía muy bien el lugar y ejerció de "Cicerone".


Castiglion Fiorentino es una joya tanto por su emplazamiento en la bellísima Valdichiana, como desde el punto de vista arqueólogico, medieval y renacentístico. En cuanto a las tradiciones que conserva y a la actividad cultural que desarrolla, pese a ser una ciudad pequeña, ya os iré diciendo, basándome en todo lo que nos contó Romano.

Los importantes yacimientos arqueólogicos que se han encontrado, procedentes de las civilizaciones etruscas, griegas y latinas, no pueden contarse con los dedos de una mano. Según han ido excavando en el subsuelo de la ciudad y en sus inmediaciones, han ido apareciendo uno detrás de otro. Os voy a nombrar sólo un par de ellos: Un área sagrada del siglo V a.C. y una Necrópolis (entera) de entre los siglos III y IV a. C.


La ciudad, muy bien conservada, está dominada por el Cassero, un impresionante castillo del siglo XI, protegido por un círculo de murallas.

En su interior, se entremezclan las callecitas y monumentos medievales y renacentistas con otros construídos en el siglo XVIII, durante el gobierno de los Duques de Lorena que se esmeraron en desarrollar y embellecer la ciudad, que después de tantos combates y batallas soportadas hasta la segunda mitad del XVI, cuando se la quedan los Medici, andaba todavía algo maltrecha, no obstante éstos últimos la hubieran enriquecido con soberbias obras de arte.


Estuvimos visitando la Pinacoteca, situada en la primera planta del Cassero, que alberga, fundamentalmente, una magnífica colección de pinturas toscanas de entre los siglos XIII y XVI.


En planta baja del Cassero, se encuentra la Iglesia de Sant'Angelo, del siglo XIII, románica y también cuajadita de obras de arte, entre las que sobresale una obra de Vasari del siglo XVI.
Sin embargo, La Cripta de esa iglesia es una especie de pequeño museo arqueológico en el que se exhiben valiosos elementos y objetos procedentes de la antiquísima Necrópolis, que os comentaba antes, hallada en su subsuelo. Al lado de la Iglesia está "La Estancia de Santa Úrsula", donde hay piezas sacras de oro macizo, además del "Relicario de Santa Úrsula" del siglo XIII, que es una maravilla.


Después, nos fuimos al Museo Arqueológico que aloja muchos y valiosos hallazgos procedentes de las excavaciones locales.
Desde allí, nos fuímos a Piazza del Municipio, rodeada de edificios y palacios emblemáticos, y proseguimos callejeando hasta que, al mirar el reloj, entramos a comer en el céntrico restaurante "Da Muzzicone", elegantote y con muy buen servicio, donde, para empezar, tomamos unos exquisitos "boletus" empanados y un plato del muy buen jamón del país, en lonchitas finísimas, acompañado por "grissini" (colines) hechos con aceite de oliva. De segundo pedimos codornices asadas al vino de Chianti, que estaban de locura.


Nos estuvimos riendo un montón pues, cuando creíamos que no nos miraba nadie, aprovechábamos para mojar pan en la salsa. En una de estas, nos soprendió el maitre, quien con cara de "poker" nos preguntó si queríamos otra botella de vino, ya que la primera estaba en las últimas... Sin levantar la cabeza del plato, Romeo (que es el más lanzado) le dijo que sí y, al instante, nos trajo otra excelente botella de tinto de "La Strada dei Vini di Arezzo" .


Durante la sobremesa, con un buen café y copitas de grappa, Romano nos estuvo hablando de las seculares tradiciones y eventos extraordinarios que se celebran en Castiglione Fiorentino, de los que hago una lista resumida:

Las impresionantes procesiones nocturnas de Semana Santa, iluminadas por portadores de antorchas, con pasos tan valiosos como antiguos a hombros de las distintas Hermandades.

- "El Palio dei Rioni" que se celebra el tercer domingo de Junio en el grandioso Piazzale Garibaldi y en la que los jinetes de las tres fracciones de la ciudad, los Terzieri, según la usanza medieval compiten por ganar la famosa carrera de caballos.
"L'Estate Castiglionense", una manifestación cultural con muy buenos conciertos y teatro al aire libre, que se lleva a cabo a lo largo del verano.


- En Navidad, en los rincones más pinturescos de la ciudad, los lugareños con trajes de época, representan el Presepe ("El Nacimiento") escenificando temas relacionados con la llegada de Jesús a este mundo cruel...


Hay muchas más, pero, lo siento mucho ¡No me caben en esta página!.


¿Os animáis a venir y a descubrirlo por vuestros propios ojos?


Sylvia

viernes, noviembre 10, 2006

Crónica de la Batalla de Anghiari: El relato de un prisionero



Al resguardo de la lluvia, en un café cercano al Palacio Marzocco de Anghiari, que alberga "El Centro de Documentación de la Batalla de Anghiari", Antonio, mi hermano, lee. Nuestro primo Miguel y yo le escuchamos sobrecogidos. La crónica está fechada el 6 de Julio de 1440.




"Mi nombre es Florestano dei Grossi. He sido hombre de paz, si bien adiestrado tanto en el arte de la música como en el de la espada. Me he unido al ejército de mi Señor, Filippo Maria Visconti, en el ejercicio de la debida lealtad. De otro modo, la conciencia no habríame dado tregua. Dios le guarde por siempre.
La derrota me ha hecho caer prisionero de los florentinos. La mayoría de mis compañeros de armas que han corrido tan triste suerte ya han sido ahorcados. Otros, lo serán en breve. Aún no sé lo que harán conmigo. Que Jesucristo se apiade de mí y, llegado el caso, tenga tambíen en compasión a mis verdugos.
En la noche que iba del 28 al 29 de Junio nuestro capitán, Niccolò Piccinino, se encontraba a la cabeza del ejército de mi Señor, crecido en gran número y destreza respecto al de la "Liga Florentina". Las tropas de los de Florencia aguardaban en Anghiari el devenir de la jornada.
A lo largo de esa noche nos fuímos moviendo hacia el campo de Selci. Sin que nuestros enemigos diéranse cuenta de ello, entramos en San Sepolcro. Más de 2.000 hombres de bien se unieron a nosotros con el ánimo de vencer a los encastillados de Anghiari.
Al poco del toque del mediodía, marchamos hacia Anghiari. Nuestro capitán se aprestaba a un ataque por sopresa. Yo, en calidad de oficial en jefe de un escuadrón de caballería, había presenciado los largos estudios que precedieron a conducir el combate de tal manera. Contra la perfección de la idea cualquier objeción es sobrada. Líbreme Dios de contrariar a quien más sabe, razón por la cual nos ordena.
Al parecer, Micheletto Sforza, desde su logia en Monteloro avistó el polvo que levantaban nuestras caballerías y dió orden a las suyas de formar para combate.
A menos de un cuarto de legua de nuestra llegada, las caballerías de la "Liga" ya ocupaban posición: Las del Simonetta cubrían el flanco derecho; las florentinas con las de Anghiari, el centro izquierda y las venecianas se disponían a la defensa del puente. Los infantes aguardaban junto al canal y los ballesteros nos asaetaron por ambos flancos.
Pese a las cuantiosas pérdidas no perdimos la fe ni el ánimo y combatimos con fiereza. Las tropas de Francesco Piccinino y Astorre Manfredi, ambos conmigo en prisión, hicieron retroceder a las del Micheletto, muchos de cuyos caballeros, presa del terror, huyeron en desbandada.
Durante cuatro horas, sin concedernos respiro, luchamos encarnizadamente para la toma del puente. Por poco apresamos a Micheletto, aunque hicimos cautivo a Niccolò de Pisa.
Cuando la fortuna nos miraba de frente, en el curso de una arriesgada y esforzada acción de nuestro ejército en el eje del camino entre Santo Stefano y la Puerta de los Auspicios, en la que a punto de aplastar estuvimos a los de la "Liga", las tropas del Simonetta y del Orsini descendieron desde la colina entre Palazzolo y Maraville. Nos atenazaron, partiendo en dos mitades nuestro ejército, quedando un tercio apresado entre el puente y Anghiari.

Con la luna en cuarto menguante nos sorprendió la derrota.

De escuadra vimos perecer4 jefes, siendo los apresados 22. De armas, redujeron a 400 hombres, y de burgueses en buena fe unidos a nuestro Señor, fueron 1500, de los cuales 300 eran caballeros y gentilhombres.
Entre los prisioneros los ahorcamientos hacen que se venzan los árboles. Tantos son que no hay cabida en la fortaleza para los martirios.
Los caballos caídos se cuentan por cientos hasta cubrir el color de los campos."


Aquí interrumpió Antonio la lectura. Yo estaba tan afectada como si hubiera participado en la Batalla. Para que luego, cuando leas los escritos de Maquievelo sobre la Batalla de Anghiari, te venga diciendo el muy cuco que sólo murió un hombre y, eso, porque se había caído del caballo. Claro, él pertenecía a la fracción victoriosa y, como es sabido, a los triunfos se suceden los maniqueismos y las ocultaciones de su precio real.
Ese miércoles, terminamos cenando en "La Nena", un restaurante popular situado en la cima de la preciosa y monumental, aunque pequeñita, ciudad de Anghiari.
La fama de "La Nena" se debe en gran parte a las trufas (negras y blancas) fresquísimas, y a las muy selectas setas de boque que llenan sus despensas. Pedimos unas setas mágnificas, a la parrilla, y de segundo Miguel y yo tomamos unos "ravioli" con trufa blanca, rallada directamente en el plato, hasta que dices: "Muchas gracias, ya es bastante". Antonio se pidió un timbal de jabalí con verduras. Después "tiramisú" para los tres y café.
Para los vinos, como solemos hacer, le pedimos consejo al maitre que nos sugirió el blanco de la casa para las setas y un tinto, también, de la casa, sobre todo, por el plato de caza que pidió Antonio. Los dos eran excelentes. La comida: una delicia de aromas, de platos en su punto, caseros con un toque de originalidad y recién hechos.
Pagamos menos de 90 euros entre los tres que, teniendo en cuenta las exquisiteces que tomamos, es un precio más que razonable.
Sylvia




miércoles, noviembre 08, 2006

Bibbiena, patria chica de Bernardo Dovizi: Cardenal y humanista del Renacimiento

Este martes hemos estado en Bibbiena. Llegamos sobre las 2 de la tarde y regresamos por la noche, después de cenar.
Desde que han llegado Antonio y Miguel, hemos decidido jugarnos "a los chinos" los lugares, ciudades, etc., que visitamos a diario. Mañana regresan a Madrid y les va a quedar tantísimo por conocer que no es cuestión de sumergirse todos los días en el oceáno de la duda...
Me conmuevo cuando pienso que, después de tantos años, seguimos conservando los rituales y la complicidad de nuestra infancia y adolescencia.

Bibbiena, situada en el territorio de Casentino, es la ciudad más importante de la provincia de Arezzo.
De asentamiento etrusco pasa en la Edad Media a ser un fuedo que, a causa de su priviligieda situación estratégica estuvo, desde el siglo X, permanentemente contendido entre los distintos gobiernos de Florencia, Arezzo e, incluso, de Milán.
Después de siglos de hostilidades que terminaban en batallas encarnizadas, asedios, asaltos y demás barbaridades, a finales del siglo XV, queda en poder de los Medici hasta la extinción de esa dinastía.
Es entonces cuando entra en escena, con el papel principal, el hijo más emblemático de la historia de Bibbiena: El Cardenal Bernardo Dovizi, que nació allí en 1470 y moriría en Roma en 1520.
Aquí tenéis su retrato, obra de Rafael.
Eran los tiempos del Papa León X y Dovizi había sido su secretario y más tarde llegaría a ser el representante diplomático del Pontífice en Urbino y en Francia.
Bernardo Dovizi fue un hombre de extraordinaria inteligencia y un brillante humanista del Renacimiento, con especial inclinación por la literatura. En el campo de la dramaturgia escribe una sola obra, la comedia bufa "La Calandria" de estilo boccacciano. La obra, si no temáticamente revolucionaria sí lo fue en cuanto a la forma, ya que es la primera obra de teatro en prosa que se escribe y se representa en Italia.
Desde el punto de vista escénico también revolucionó el teatro de la época, al ser el primero en "descubrir" la hasta entonces desconocida "Escena de Ciudad" de carácter prospectivo, en la que aparecen bastidores con diseños de la ciudad en la que se ambienta la obra. Asímismo, entre un acto y otro, hace que se representen los llamados "entremeses", anticipándose así al nacimiento del melodrama.
Por otra parte, en Bibbiena ejerció una labor ejemplar, constituyéndose en el interlocutor válido entre el Papa y el Gobernador de esa ciudad, logrando para la misma una serie importante de privilegios que le permitierieron ir saliendo airosamente del estado casi ruinoso en el que se encontraba, después de siglos de tropelías.
Estuvimos visitando todo el centro histórico, muy grande, para una ciudad que hoy tendrá unos 15.000 habitantes, y muy bien conservado.
Hay muchos edificios, de distintas épocas, de alto interés histórico y artístico. Probablemente sea la ciudad de Casentino que más arte contiene.
Entre los monumentos que pudimos visitar, los que más nos impresionaron fueron el Palazzo Dovizi (la residencia del Cardenal) del siglo XVI; La Iglesia de San Lorenzo, del siglo XV, que es en sí misma un museo por el elevado número y la categoría de las obras de arte que alberga: De los Della Robbia, de Jacopo Ligozzi, de Bicci di Lorenzo, hasta una tabla unívoca de Cola di Lorenzo; el espléndido Oratorio de San Hipólito, del siglo XII, restaurado en distintas épocas, que fue la Capilla del impresionante Castillo de los Tarlati, del que aún se conservan un torreón y una puerta de acceso y el Santuario de Santa Maria del Sasso, a las afueras de Bibbiena, cuya descripción merecería un capítulo aparte. Sólo os digo que en el territorio de Casentino, repleto de lugares de culto maravillosos, ese Santuario está considerado como uno de los monumentos más emblemáticos del Renacimiento.

A continaución de la larga e interesantísima caminata, mi hermano, nuestro primo Miguel y yo nos fuímos a cenar temprano al Ristorante "Il Tirabusció", situado en el casco antiguo y del que nos habían hablado muy bien. Es un restaurante nuevo, elegante, muy bien cuidado y atendido. Está especializado en comida lugareña, cocinada con refinamiento, y tiene una bodega pequeña, pero muy selecta, en la que guarda los mejores vinos de Casentino, que son de lujo para el paladar y asequibles para el bolsillo.

Empezamos con unos "taglioni" (pasta delgada y estrechita) de patata roja ¡no de harina! con setas de bosque que eran una auténtica delicia. Después, pedimos una "tagliata de vitellone" (unos filetes soberbios de añojo de la zona) aderazados con hierbas aromáticas, cuya calidad y preparación era como para comerse a besos al ganadero y al cocinero, pero, claro, no era el caso...
Antonio y Miguel, que ya os he dicho que no ganan para lo que comen, tomaron de postre un "tortino di mele" (tarta de manzana) con crema inglesa. Probé un poco y os puedo decir que era una obra exclusiva de pastelería casera. El maitre nos aconsejó un tinto de la zona que pertenece a los de denominación "Strada del vino delle Terre di Arezzo". Para que os hagáis una idea de cómo estaba el tal tinto, Antonio y Miguel convencieron al maitre a que les vendiera un par de botellas para llevárselas a Madrid.

Sin contar con las botellas extra de vino, la cena le costó a Miguel (nos convenció que esa noche le tocaba invitarnos ¡Vaya Vd. a saber a santo de qué!) unos 110 euros.

Yo sigo aquí, pero sé que mi hermano y nuestro primo se llevarán a Bibbiena y al Casentino en el corazón y en una talla más de pantalones ...
Sylvia




lunes, noviembre 06, 2006

Pratovecchio, la ciudad natal de Paolo Uccello.

Procedentes de Madrid, el sábado, 4 de Noviembre, por la tarde, llegaron a "Villa Vignacce" mi hermano Antonio y Miguel, nuestro primo predilecto, y mejor amigo, desde la infancia.
Como se quedarán hasta el jueves, andaba yo dándole vueltas por dónde podría empezar con ellos el domingo. Hay tanto qué visitar por aquí que la elección puede resultar complicada.

Me decidí por el territorio de Casentino, zona este de Toscana, al sur de Arezzo, y en cuanto nombré Pratovecchio, la ciudad natal de Paolo Uccello, se despejaron todas las dudas. Mi hermano y yo entusiasmados, pero Miguel, que es un excelente pintor, se dispuso a hacer el viaje como si fuera en peregrinación a Tierra Santa.
Pratovecchio, a más de 400 m. de altura, es una localidad pequeñita y preciosa con las características de una ciudad fortificada de la Edad Media en Toscana. Con callecitas sinuosas, plazas con soportales, sus edificaciones, en líneas generales, son medievales, renacentistas y, si me apuráis, llegan hasta los siglos XVII ó XVIII. Todo el centro histórico está conservado y, como suele ser habitual en Toscana, la inarmonía no habita en su diccionario estético.
Destacan el Castillo de Romena (que alberga un pequeño, pero interesantísimo, Museo Arqueológico), la Iglesia delle Pieve di San Pietro (siglo XII) y el Monasterio Camaldolese di San Giovanni Evangelista (siglo XII).

Presidida por el Castillo de Romena (del siglo XII c.) la ciudadela, de trazado concéntrico, estuvo protegida por canales y tres círculos de murallas. De ellas quedan restos más que suficientes para hacerse una idea de lo que fue y de la importancia estratégica que tuvo esta plaza fuerte, contendida durante siglos hasta que los Medici la tomaron definitivamente.
En su momento, Dante Alighieri, exilado de Florencia por razones políticas, aceptaría el asilo que le ofrecería el Conde Guido Selvatico da Davadola y se alojaría en la fortaleza. Más tarde, se inspiraría en los antedichos tres anillos de murallas para reflejarlos en la Divina Comedia, El Infierno, Canto XI: "...Ya ves en lo que pienso. Hijo mío, en medio de estas rocas hay tres círculos..."
Aquí nació,en 1397, Paolo di Dono, conocido como Paolo Uccello. El genio, en mi opinón, de los primitivos renacentistas italianos.
Paolo Uccello se dedicó a lo largo de toda su vida al estudio casi obsesivo de la perspectiva, hasta entonces prácticamente desconocida, aprendiendo para ello de los mejores matématicos y arquitectos de la Florencia de su época, donde residió la mayor parte de su vida.
Para él la pintura no tenía porqué ser naturalista. En su caso, se trata de una realidad intelectualizada a partir de la teatralidad existente en las distintas temáticas representadas en su pintura. De hecho, la luz, los personajes y los objetos aparecen como irreales y, en lo que me concierne, no sé si debe a una concepción metafísica y simbólica de las cosas o a su decisión de escenificar la vida desde una contemplación separada de lo existente, lo que coincidiría con su vida espartana, alejada de toda actividad social salvo el contacto profesional con algunos de sus insignes coetáneos (Brunelleschi, Vasari, Donatello y pocos más).
Muere en 1475, a los 78 años de edad, solo y en condiciones materialmente míseras, como había vivido siempre.
Su mano derecha apretaba un pergamino. Cuando se consiguió arrancarlo de la rigidez postmortem, el trozo de pergamino contenía figuras geométricas, líneas cruzadas o aisladas y cortadas y otras que parecían querer llegar hasta el infinito.

Sobre todo esto, estuvimos debatiendo los tres durante horas, aunque quien llevaba la voz cantante, como es natural, era nuestro primo Miguel, que es un experto en la materia. Mi hermano y yo somos sólo diminutos conocedores, si bien grandes entusiastas.
Habíamos reservado para comer (mucho arte y mucha cosa, pero estos dos ...en cuanto llegan a una localidad desconocida lo primero que hacen es asegurarse el estómago) en "La Tana degli Orsi", un restaurante sin pretensiones, pero con pinta de tener buena comida lugareña. Como nos encantan los embutidos y los quesos toscanos, empezamos por un platazo, bien surtido, para los tres. Luego tomamos scottiglia (rebanadas calentitas de pan de pueblo tostado con trocitos de carne guisada) y mis dos queridos energúmenos pidieron, además, sendas raciones de tortello di ricotta (una clase de pasta rellena de requesón) de las que estuve picoteando. Regado con una botella de tinto de Chianti (reserva), por la que lloramos cuando se acabó.
Invitó mi hermano y, pese a que no nos dejó mirar la cuenta, por más que estuvimos forcejeando, por las vueltas supimos que la opípara comilona, más los cafés, no había alcanzado los 100 euros.
De vuelta a casa, Miguel ¡cómo no! estuvo hablando por los codos de Paolo Uccello con Pasquale, el pater familiae, de "Villa Vignacce", que ha sido un buenísimo pintor y sabe lo indecible sobre las distintas escuelas de Florencia y Siena.

Sylvia



viernes, noviembre 03, 2006

El Invierno llega en Toscana y tambien las trufas blancas

Ayer fue el primer día de invierno, la temperatura ha bajado de casi 15 grados en dos días y la nieve a caído en las cercanas montañas del Casentino y del Monte Amiata.El paisaje esta asumiendo cada día más las tonalidades de esta temporada y las hojas de los árboles hacen de alfombra a una campiña cada vez mas desnuda. Un viento frió nos acompaña en el paseo aunque mano a mano que entramos en los bosques del Conde Berna el viento disminuye. los perros, dos pudos adiestrados no tardan en hacer su trabajo y Giancarlo, en una hora extrae de la tierra, 5 bonitas trufas blancas de mas de 40gr cada. Felices de la "caza" nos vamos a casa de Anelio unos pocos Km. de Montepulciano que nos prepara unas bruschettas (pan calentado al horno) con el aceite de oliva virgen extra recién exprimido. Una buena pasta con salsa de trufas blancas y un vino Nobile di Montepulciano terminan alegrándonos la noche.

miércoles, noviembre 01, 2006

La Ermita y El Monasterio de Camaldoli

Hoy, Día de Todos los Santos, es una fecha idónea para hacer un ejercicio de introspección y ofrecer al mundo una mirada espiritual.

Con ese ánimo, he cogido el coche esta mañana y me he venido a Camaldoli. Una pequeña localidad situada en el territorio de Casentino, al sureste de Toscana.
El objetivo de conocer Camaldoli, independientemente de la enorme y bellísima área protegida en la que está emplazada, ha sido el de visitar la Ermita y el Monasterio. Célebres lugares de culto en la cristiandad, fundados por San Romualdo en el siglo XI.
San Romualdo había decidido separarse definitivamente del mundo y construir una ermita en algún lugar recóndito, cuyo único adorno fuera la naturaleza sin otro ruido que el canto de los pájaros o el murmullo de los arroyuelos.
Tuvo la buena fortuna que el Conde Maldolo D'Arezzo, dueño y señor de aquellos lares, comprendiera el contenido ascético de su vocación y le concediera una fracción de su territorio.
En un lugar apartado de esa fracción de bosques, edificó primero la Ermita, austera, acorde con su vocación. Años después de su fallecimiento, se construyó el Monasterio, junto a la carretera, en el mismo emplazamiento en el que él había fundado un refugio para peregrinos.
Durante su vida en Camaldoli, fundó asimismo la Orden de los Monjes Camaldoleses (entonces benedictinos) que según su elección religiosa, contemplativa o activa, se iban integrando en la Ermita o en el Monasterio.
La Orden se fue agrandando paulatinamente, alcanzando siglos de esplendor político y material, sin dejar de ser una inagotable cantera espiritual e intelectual que, en su momento, impulsó el desarrollo filosófico, artístico y ciéntifico por toda Toscana, el resto de Italia y del mundo occidental.
En ese sentido, sobresalieron distintos monjes de la Orden, tales como Guido de Arezzo, inventor de la aún vigente notación musical; Graziano, quien asentó las bases de la ley canónica; Lorenzo Monaco, prestigioso pintor; Ambrogio Traversari, preclaro filósofo y humanista y Niccolò Malerbi que fue el primer traductor de la Biblia, ¡entera!, al Italiano.
De hecho, Dante Alighieri celebró a dos de sus monjes en La Divina Comedia, Canto XXII del Paraíso: Romualdo y Macario.
Con el paso del tiempo el Monasterio se fue agrandando y rehabilitando, llegando a ser de una belleza única en la que se conservan numerosas obras de arte, una Biblioteca de valor incalculable y, además de las habitaciones para los huéspedes, sigue manteniendo el hospital del siglo XIV y la bellísima farmacia del siglo VXI, en la que hoy en día se venden los productos fabricados por los monjes que van desde medicinas naturales, hasta licores, miel, chocolate, árticulos de perfumeria, etc.
Ambos lugares de culto, ahora habitados por monjes cartujos, siguen siendo objeto de peregrinación y de visita por parte de gentes que vienen hasta aquí desde cualquier parte del mundo.
Asimismo, en sus bosques frondosos se puede pasear libremente o, por ejemplo, sentarse a meditar o a leer algún libro sobre su historia basada no sólo en la mística sino en la inteligencia.
Os tengo que dejar aquí, con ganas de que vengáis para experimentar lo que probablemente sea su mayor tesoro: La Paz.
Ahora, me toca arreglarme "por fuera" pues ayer fue el cumpleaños de Giovanni el hijo de mis anfitriones en "Villa Vignacce" quienes han tenido la delicadeza de invitarme a la copa que ofrecerán a última hora de la tarde de hoy para celebrarlo con los amigos de la familia.
Espero que a Giovanni le guste el detalle que he escogido para él en " La Vecchia Farmacia" del Monasterio de Camaldoli.
Sylvia