lunes, octubre 30, 2006

Torrita di Siena

Dentro de poco iré a visitar otra zona de Toscana, llamada Casentino que, por lo que me han contado también es maravillosa. Pero como estoy tan a gusto en "Villa Vignacce", y está tan bien situada, podré visitar esa comarca perfectamente desde aquí.

Ahora bien, no quiero dejar de hablaros de Torrita di Siena, donde pasé al día de ayer junto a unas chicas de Sevilla, África y Carmina, que están de vacaciones en Valdichiana.

Las conocí el viernes pasado mientras estaba de compras en Bettolle, en uno de sus estupendos outlets donde a muy poco precio encuentras ropa, calzado y complementos preciosos de las mejores firmas italianas.

Las oí hablar en español, con un marcado acento sevillano. Me acerqué a ellas y enseguida hicimos tan buenas migas que el sábado estuvimos comiendo juntas en mi apartamento de "Villa Vignacce" (se quedaron tan encantadas que lo más probable es que se trasladen aquí en cuanto quede un apartamento libre en la villa) y ayer nos fuimos las tres de excursión. Son hermanas, muy simpáticas e inteligentes. África es traductora y Carmina, decoradora.
Como no nos apetecía madrugar, quedamos a media mañana y nos fuímos para Torrita de Siena en el coche que han alquilado en Toscana. ¡Qué gusto un día entero sin conducir!.
La ciudad, pequeña y medieval, situada en una colina al oeste de Valdichiana, en la provincia de Siena, es una verdadera delicia. Con una antiquísima historia tras de sí, está estupendamente conservada y, por suerte, alejada de las habituales rutas turísticas.
Tenía especial interés en conocerla no sólo por ser la ciudad natal de Ghino di Tacco, mi héroe medieval favorito, de quien ya os hablé en la página dedicada a Radicofani.
Mis nuevas amigas aún no habían tenido la oportunidad de saber de él y, en cuanto les conté lo que he ido descubriendo a cerca de ese fascinante personaje, les entró una curiosidad enorme, a parte de troncharse de risa conmigo por lo "enganchada" que estoy con un caballero del siglo XIII...
En Torrita de Siena, tuvimos la oportunidad de conocer los orígenes etruscos y romanos de la ciudadela, así como los distintos asentamientos de esas civilizaciones encontrados en la zona.
Por otra parte, supimos que, en el siglo XI, Torrita se encontraba en poder la Abadía de Sant'Antimo, pasando, en el siglo XIII, a manos de los Condes de Scialenga y cayendo, en ese mismo siglo, bajo el poder de la República de Siena.
Como veréis, empezando por los monjes, aquí todos estaban a la gresca con tal de adueñarse de la ciudadela.

Cuando Siena se había hecho con el poder, se produce la rebelión del aristócrata ghibellino Ghino di Tacco quien se pone al frente de las tropas leales.
Atacan la fortaleza en dos ocasiones y luchan ¡nada más ni nada menos! contra el ejército regular de la República de Siena. Como es natural, tras esas gestas, Ghino es objeto de una persecución implacable.
Después de muchas peripecias (ya sabéis que se había convertido en el salteador de caminos más famoso de Toscana) le capturan y le ejecutan en la Plaza Mayor de Siena en 1285.
Además de la épica, nos encantó también saber de una secular tradición lúdica de Torrita: " Il Palio dei Somari" (la carrera de los burros) que procede de la misma forma que "Il Palio de Siena", sólo que en formato pequeño y con los hombres del pueblo, con vestimenta medieval, cabalgando en burro en lugar de a caballo. Se celebra con grandes festejos en el mes de Marzo.

En el mes de Junio, tiene lugar otro acontecimiento: "El Festival de Blues de Torrita di Siena", en el que participan reputados instrumentistas internacionales que vienen hasta de Nueva Orléans.
Antes de que cerraran la preciosa Iglesia de Santa Fiora y Lucilla, de entre los siglos XIII y XIV, entramos en ella y estuvimos un buen rato contemplando sus obras de arte y, especialmente, "Il Sangue del Redentore" de Donatello, de una belleza única.

Un último paseito por Torrita y, luego, a cenar al "Asso", situado a las afueras, rodeado de campo, en una hermosa y antiquísima casona.
"Asso" es uno de los pocos restaurantes de Valdichiana cuya especialidad es el pescado.
La larga continuidad de su prestigio se basa en la frescura de sus pescados y en su excelente preparación. Como las tres teníamos unas ganas locas de saborear productos de mar, nos lanzamos a la mesa como leonas. Yo tomé unas deliciosas "linguine alle vongole" (unos tallarines estrechitos con almejas) y después un lenguado a la parrilla que se salía del plato. No sabría deciros si por lo fresco que estaba o por lo grande que era.
Nos recomendaron un blanco de la casa, joven y afrutado, que acompañó divinamente la cena.
Con postre (un tiramisú casero y delicado) y café , pagamos unos 100 euros entre las tres.
Contentísimas, emprendimos camino de vuelta. Mis amigas me dejaron en "Villa Vignacce" y hoy
hemos vuelto a quedar en Bettolle para seguir arrasando con los outlets...
Sylvia

sábado, octubre 28, 2006

Comer en Chianti


Hoy, 28 de Octubre sigue haciendo un tiempo estupendo así que con Federico hemos decidido darnos un paseo por el chianti. El Paisaje empieza a cambiar, las hojas de los árboles se tiñen de rojo y de amarillo todavía un aire casi primaveral nos acompaña. Nos dirigimos a Tavernelle Val di Pesa, un pueblecito muy pequeño muy cerca del mas famoso Barberino Val D Elsa a un pequeño restaurante que nuestro amigo Bianchi nos había indicado. El restaurante se encuentra en el centro del poblado y desde el exterior parece el típico restaurante de toda la vida donde los lugareños van a comer. Al entrar el impacto es bastante malo ya que no solo el restaurante es cutrillo y adornado a fiesta de hallowen sino también una horrible música italiana suena en el estero que necesitaría ser renovado. Todavía y no obstante el ambiente que a primer impacto puede desconcertar la comida es magnifica. Con Federico nos comemos un "tris di primi", tres diferentes platos de pasta que son uno mejor del otro, un excelente vino de la casa nos acompaña y los chistes que Katia (la dueña) nos cuenta nos alegran el día. Total con 27 euros entre los dos nos pegamos una super comida, muy buena sana y barata. Si os encontráis en la zona os lo recomiendo, mayores informaciones los podéis encontrar en la web del hotel que esta arriba del local que es de los mismos propietarios. Ristorante Borgo Antico

viernes, octubre 27, 2006

Lucignano

Anoche, después de cenar en "Villa Vignacce", estuve un rato conversando con Annalicia, la distinguida y afectuosa dueña de la villa, quien junto a sendas tazas de té me estuvo enseñando fotos y contándome muchas cosas sobre Lucignano. Me quedé tan soprendida por el trazado urbanístico de esa ciudadela medieval que, antes de acostarme, organicé todo para pasar el día de hoy allí.
Lucignano, emplazada en una colina preciosa, entre las provincias de Siena y Arezzo, domina el Valle de Chiana desde sus más de 400 m. de altura. Os podréis imaginar el panorama maravilloso que se disfruta desde allí.
Diseñada en forma concéntrica y totalmente amurallada, es como un gigantesco caracol desde cuyo centro giran todas sus antiquísimas callecitas, repletas de casitas y de edificios emblemáticos que datan de entre los siglos XIII y XVI.
Su enorme interés actual reside, sobre todo, en la íntegra conservación de esta joya arquitectónica de la Edad Media.

En la antigüedad, se llamaba Lucinianum en honor de Lucio Cornelio Silla quien conquistó la zona en el siglo I a.C.

Por lo que he sabido, a partir del siglo XIII y hasta el siglo XVI, la ciudadela fue motivo de continuas contiendas entre los gobiernos de Perugia, Arezzo, Siena y Florencia. No quiero ni pensar en los episodios terribles que vivirían sus habitantes. Ahora bien, en lo que respecta su desarrollo histórico y artístico, cada conquista supuso la obtención de distintos galardones, así como de espléndidos monumentos, para ensalzar el poder de la jurisdicción en la que hubiera caído.
De Perugia recibió su escudo de armas al que la ciudad añadió una estrella que representa la altitud de su posición geográfica. El escudo sigue vigente hoy en día.
Siena, en el siglo XIV, terminó de construir las fortificaciones y las tres puertas de acceso a la ciudadela. Asimismo, anexo a las murallas, construyó un imponente castillo cuadrangular ( Rocca) con dos torreones: Uno para vigilar el exterior y, otro, para observar la ciudad.
Por otra parte, donó al palacio del siglo XIII, en el que hoy se albergan el Ayuntamiento y el Museo de la Corporación, un enorme y riquísimo relicario "L'Albero di Lucignano" obra de los mejores joyeros sieneses de la época.
De Florencia , en el siglo XVI, obtuvo la construcción de la Fortaleza, obra del arquitecto Bernardo Puccini, que se erige en una colina situada frente a Lucignano. Asimismo, Cosme I de Medici, monarca tan ambicioso como amante del arte, no deparó en gastos y encomendó la construcción del bellísimo Santuario della Madonna delle Querce al mismísimo Giorgio Vasari, lo que denota la gran importancia que había significado para el Gran Duque de Toscana la conquista de Lucignano.

Toda la ciudadela es impresionante. Yo no cabía en mi del asombro constante que iba experimentando al caminar por esa elipsis de callejuelas y por sus cuidadísimas construcciones, entre las que pueden sobresalir, en cualquier momento, una iglesia iglesia estupenda o un edificio que te deja estupefacta. Hasta tal punto que, pese a la larga caminata, además de visitar todos los monumentos que he podido, no tenía ni pizca de hambre. Me he reído para mis adentros y he pensado que eran los mismos síntomas del enamoramiento. Bueno, pues que le vamos a hacer... ¡Me he enamorado de Lucignano!.

Eso sí, en cuanto he entrado en "La Tavernetta", situada en el centro de la ciudad, se me ha despertado el apetito. Ahora os la describo: Es una especie de tasca ilustrada, en la planta baja de un edificio medieval, con un precioso diseño interior, digno de la época. Además del restaurante, tiene una encantadora terraza ajardinada, para comer o cenar cuando hace buen tiempo. La cocina es tipícamente toscana, elaborada a partir de productos selectos de la zona.
Tienen una carta muy variada en la que se incluyen los mejores vinos de Toscana.
He tomado un rissotto (arroz) con espárragos y trufas que estaba de muerte y luego un plato de sepia, muy fresca y en su punto, con setas de bosque a la plancha. El dueño, muy amable y hospitalario, me aconsejó el vino: Vernacchio di San Gimignano. ¡Otra maravilla!
Imaginaros qué apetito se me había despertado según iba comiendo que he terminado con una ración de tarta casera de nueces, delicada y exquisita y ¡cómo no! con una tacita de café, corto, denso y aromático. He pagado unos 30 euros.

Cosas del amor por Lucignano: Del éxtasis a la buena mesa... o sea, una jornada epicúrea por excelencia.

Sylvia

lunes, octubre 23, 2006

Montepulciano


Ayer domingo, aprovechando que habían venido a pasar el fin de semana conmigo en "Villa Vignacce" dos buenos amigos que ahora viven en Ravenna, Giovanni y María (él es italiano y ella, española) nos levantamos casi con el "canto del gallo" y nos fuímos a Montepulciano.
Creo que todo el mundo ha oído hablar de la belleza de esta ciudad del centro de Toscana, de su impresionante arquitectura y, sobre todo, de las excelencias de sus vinos, entre los que destaca el famoso tintoVino Nobile, pero es otro ejemplo más de la bellísima Toscana, en cuanto a que ¡Hay que veerlo para creerlo! Y los vinos... ¡ Ay, los vinos! Son un verdadero lujo para el paladar.

Las murallas de la ciudad las erigieron los etruscos, que fue la primera civilización que se asentó en la preciosa colina, a más de 600 m. sobre el nivel del mar, que alberga Montepulciano.
Muchos siglos después, tras las cruentas contiendas entre Siena y Florencia por quedarse con la ciudad, fue conquistada por los Médicis en el siglo XV y el Gran Duque de Toscana, Cosme I, encargó al insigne arquitecto Antonio da Sangallo "El Viejo" que reconstruyera las murallas, hiciera nuevas fortificaciones, así como como otros edificios relevantes dentro de la ciudad, para ir dándole el aspecto renacentista que perdura hoy en día.
Para tal fín, el Gran Duque contó, entre otros, con su arquitecto predilecto: Michelozzo.
Entre unos y otros diseñaron una ciudad de ensueño, con callecitas repletas de preciosos palacios e iglesias, atravesadas por la larguísima Via del Corso que, de izquierda a derecha y de norte a sur, te conduce a cualquier lugar.
No os puedo detallar la gran cantidad de edificios emblemáticos, de interés artístico y cultural, que vimos o, incluso, visitamos, pero sí os recomiendo que no dejéis de venir y de prestar, cuanto menos, especial atención a: La Piazza Grande, una plaza monumental que aloja verdaderas joyas arquitéctonicas; a la magnífica Catedral, de entre los siglos XVI y XVII, obra de Ipolito Scalza, que cuenta con obras maestras de Andrea della Robbia, Taddeo di Bartolo y Sano di Pietro; al Palazzo Bucelli, barroco, con una fachada impresionante en la que se cuentan por docenas los relieves y los flancos de las urnas funerarias etruscas que la adornan; a la Iglesia de San Agustín (Michelozzo, siglo XV) con una magnífica y elaborada portada; al espléndido Palazzo Cervini, atribuído a Sangallo "El Viejo" y construído a instancias del Cardenal Cervini, quien se convertiría en el Papa Marcelo II.
Hicimos un alto en el camino y estuvimos comprando queso "pecorino" y botellas de Vino Nobile en una de las muchas y estupendas bodegas que hay en la ciudad. Después, entramos a tomarnos una copa de "prosecco" y unos aperitivos en el céntrico "Caffè Poliziano". Una joya de bar, con salón de té y restaurante, del siglo XIX, de estilo "Art Decó", decorado elegantamente acorde a su época. Nos quedamos tan sorprendidos que no podíamos articular palabra. Un lugar digno de una gran ciudad europea.
Claro, que nos sabíamos lo que nos esperaba después: A las afueras de la ciudad, en el campo, se alza el majestuoso Santuario de la Madonna de San Biagio, totalmente construído en mármol travertino blanco por Sangallo "El Viejo", en el siglo XVI, con un imponente Altar Mayor de ese mismo mármol. El Santuario está considerado como una de las obras cumbres del Renacimiento. Merece acampar enfrente y contemplarlo hasta que se ponga el sol.

Con un hambre ya feroz, María, Giovanni y yo nos fuimos a comer a la "Osteria dell'Acquacheta". La habíamos visto a media mañana y nos pareció una trattoria tan bonita, con pinta de tener una comida buenísima, que entramos enseguida a reservar mesa para más tarde.
Tuvimos suerte, pues luego supimos que tiene mucha fama y está siempre lleno. Es pequeña y está decorada con mucho encanto. La cocina merece un "cum laudem". Los platos son sencillos, típicos de la zona, pero ¡Hay que ver qué productos ultilizan y cómo los preparan!.
Compartimos unos embutidos soberbios, una ensalada variada, muy bien condimentada, que todavía olía a huerta, y luego nos pedimos unos chuletones a la brasa que, de puro tiernos, se deshacían en la boca. Todo ello regado con vino tinto de la casa, un auténtico tinto de Montepulciano. ¡ Un verdadero manjar! , por unos 30 euros por persona, con café y copa.
Como el dueño estaba por ahí zascandileando, hablando con todo el mundo, María y yo fuímos a saludarle. Se llama Giulio y es simpatiquísimo. Además, o nosotras le gustamos mucho o le hacen mucha gracia las españolas, porque estuvo encantador, preguntándonos cosas de España y... de lo más galante. Giovanni que se había quedado en la mesa, ojeando un libro y esperando la cuenta, no se enteró de nada...
María, que es muy divertida, no hacía más que decirme : "Nos tenemos que quedar a vivir aquí tú y yo. ¿Has visto cómo no nos quitan ojo?" Tiene razón. Habría que quedarse aquí.

Sylvia

sábado, octubre 21, 2006

Chianciano Terme


Como os comentaba en mi anterior página, desde Chiusi me he venido a Chianciano Terme.

Chianciano Terme es una pequeña y preciosa ciudadela medieval, situada en una colina de Val di Chiana. Bajo la ciudadela se encuentra el enorme complejo balneario muy conocido tanto por el secular prestigio de sus aguas curativas, como por su excelente estructura e infraestructura.
No los he podido contar, pero debe haber unos 250 hoteles, tanto modernos como antiguos, de la "Belle Epoque", que son un deliete para la vista. El complejo balneario goza además de espléndidos parques y de muchos cafés, bares y restaurantes, ya que a largo del año se alojan por aquí cerca de un millón de personas, procedentes tanto de Italia como de cualquier parte del extranjero.

Las aguas termales surgen de tres grandes manantiales y los etruscos y los romanos ya acostumbraban a venir aquí a tomar las aguas, por lo que además de su fama como centro balneario, la ciudad es de gran interés arqueológico e histórico.
Junto a uno de los manantiales, conocido como "Sillene", los etruscos erigieron un fastuoso templo en honor del dios de la Buena Salud. Se han econtrados valiosos tesoros - entre los que destacan unas grandes estatuas de bronce - que datan de los siglos V y VII a.c.
Los romanos, siempre a la avanzadilla en cualquier cosa..., en el siglo I a.c. empezaron a construir lujosas villas con baños termales, a las que acudían de vacaciones los patricios y demás ilustres personajes del Imperio.
El gran poeta Horacio (Quintus Horatius Flaccus) que debía andar algo pachucho, vino hasta aquí por prescripción de su médico y tras una temporadita se quedó estupendo.

Sobre la colina, la ciudadela es preciosa y está totalmente conservada, con sus murallas, un interesante castillo del siglo XIII, varias iglesias antiguas y muy bonitas y, aunque parezca increíble en una ciudad tan pequeña, hay un espléndido Museo Arqueológico, llamado "Delle Acque", que alberga numerosas e importantes piezas halladas junto a Chianciano.

La gastronomía de Val di Chiana merece un capítulo aparte, pero hoy me apetecía mucho comerme una pizza, por lo que he elegido la "Pizzeria Marechiaro" que ha sido un acierto total. La especialidad de la casa son las pizzas napolitanas, generosamente condimentadas y muy blanditas, de masa más suave que las del centro o del norte de Italia, pues como sabéis Nápoles es la cuna de la pizza. Además tienen unas características "zeppole fritte" que por su aspecto deben estar deliciosas. Sin embargo, como tenía un hambre canibal he elegido unos entremeses a base de embutidos, aceitunas, verdura fresca y queso de la zona ¡qué gozada! y después he pedido una "pizza alla marinara", con una base de tomate fresco ajo y orégano y, por encima, gambas y distintos moluscos. Estaba absolutamente deliciosa y además tan bien hecha, en horno de leña, que resultaba ligera pese a su considerable tamaño. El camarero me ha aconsejado el vino blanco de la casa, joven y fresquito, que estaba de vicio. Café incluído, he pagado 18 euros.

He salido tan feliz de la "Pizzeria Marechiaro" y de mi visita a Chianciano Terme que no he podido despedirme de la ciudad sin rememorar uno de los más famosos versos de Horacio:
"Carpe diem quam minimum credula portero"
("Captura el día no asegures que otro igual vendrá despues")

Sylvia

Chiusi



En "Villa Vignacce" me han contado tantas cosas sobre Chiusi que, muy temprano, en cuanto he terminado de desayunar, he cogido el coche y me he venido hasta aquí.
Chiusi, al sur de Valdichiana, se alza entre la llanura y sus hermosas colinas. Es una ciudad próspera y preciosa, de alto interés arqueológico. Su aspecto actual es del siglo XVII, como consecuencia a la Reforma Leopoldina, y está perfectamente conservada.
En su interior hay edificaciones y monumentos de épocas anteriores y en sus inmediaciones hay unos yacimientos arqueológicos, de las civilizaciones etruscas y romanas, que son una verdadera maravilla.
La ciudad es grandecita y hay tantas cosas que visitar que a ver cómo me las arreglo para que os hagáis una idea en pocas líneas. Si por mi fuera, le dedicaría tres capítulos por lo menos...

Entre los siglos VI y VII a.c., fue una de las 12 ciudades más importantes de la "Liga Etrusca". En tiempos del Rey Porsenna era tan poderosa como para luchar contra Roma, aunque después de encarnizadas batallas, llegando incluso a sitiar Roma, terminaron aliándose con ella en tiempos del Emperador Tarquinio "El Soberbio" quien apeló al Rey Porsenna para recuperar su trono (por lo visto, le habían echado...) alcanzando una serie de pactos sobre los respectivos territorios.

El impresionante Museo Arqueológico de Chiusi da buena fe de su historia antigua con su mágnifica colección de vestigios etruscos, griegos y romanos.
Otra sorprendente estructura es el "Laberinto de Porsenna" que es una intricada serie de pasadizos, construido, en un principio, para hacer pasar las aguas de una parte a otra de la ciudad.
Notable es también la Catedral de Chiusi, de orígen románico. Su interior lo pintó de nuevo Antonio Viliardi, en el siglo XIX, confiriéndole el peculiar aspecto de estar recubierto de mosaicos romanos. Está muy bien logrado y no desentona en absoluto con el auténtico mosaico romano que hay bajo el Altar Mayor.
La Catedral tiene un museo interesantísimo, situado en el claustro, alberga una serie de estupendas esculturas romanas, longobardas y medievales, además de una colección de libros sacros de valor incalculable.

Al ladito de la ciudad se encuentran las tumbas etruscas. Las más importantes, por su perfecto estado de conservación, son la "Tomba della Scimmia" y la "Tomba del Leone". No os las perdáis pues os vaís a quedar estupefactos ante su grandiosa belleza.
Siempre junto a la ciudad, hay una serie de Catacumbas cristianas que merecen una visita esmerada.
Si en ese momento no disponéis de coche, no os preocupéis pues tanto el Museo Arqueológico como el Museo de la Catedral, organizan visitas guíadas a sendos emplazamientos.

Bueno, me voy para Chianciano Terme y os sigo contando lo que haya descubierto allí.

Sylvia

"Villa Vignacce" y el Val di Chiana


Pues sí, ya me he trasladado a otra zona de Toscana, Val di Chiana, y para descubir este espléndido territorio estoy alojada en "Villa Vignacce", junto al pueblo de Bettolle y muy cerquita de la autopista A1, por lo que podré hacer un montón de excursiones a las preciosas localidades de la zona y llegar hasta Roma si fuera el caso.
"Villa Vignacce" es una magnífica casa de campo de entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, completamente rehabilitada, con un gran jardín, una piscina estupenda y distintas zonas de relax. En su interior se han construído 3 apartamentos (de más de 90 m2 cada uno) para albergar a sus huéspedes. Gozan de todas las comodidades y están amueblados con un gusto exquisito, acorde a la mejor tradición toscana. La villa está regentada por sus dueños, una familia encantadora, compuesta por Pasquale, Annalicia y su hijo Giovanni.
No dudo en decir que están entre las personas más cultas, distinguidas y amables que he conocido en mi vida. Además, han sido pioneros en el desarrollo del turismo rural en Toscana.
De hecho, Giovanni, que se ha formado en prestigiosos colegios y universidades extranjeras, no sólo se dedicada a la gestión de la villa sino que es un joven y exitoso empresario de ese sector.

Yo estoy alojada en el apartamento "Il Giardino" construído en lo que fueron las antiguas caballerizas de la casona. El apartamento tiene una suite estupenda, dos cuartos de baño, un amplio comedor con cocina incorporada y un salón. Todas las habitaciones tienen acceso directo al jardín.
Está pensado, al igual que los otros dos, para hospedar a cuatro personas. De manera que lo primero que he hecho ha sido llamar a mi hermano y a su mujer, contarles con todo lujo de detalles la belleza de estos lares, y animarles a que se pidan unos días de vacaciones para venirse aquí conmigo. Me han dicho que harán lo imposible para conseguirlo. Con un poco de suerte, dentro de unos días aterrizan por aquí.

Val di Chiana,entre Val D'Orcia y Val Tiberina, es un territorio mágnifico de la Toscana central, muy fértil y bien cuidado, en el que están emplazadas muchas ciudades y pueblos medievales, perfectamente conservados, por lo que mi estancia aquí promete ser una gozada.
Estas tierras, desde tiempos remotos, han estado siempre habitadas por el hombre.
Las primeras huellas que se han hallado proceden del Paleólitico y del Neolítico, sucediéndose sin pausa otra serie de civilizaciones como la etrusca, la romana y, por supuesto, los distintos períodos de la Edad Media y del Renacimiento. Os podéis imaginar, por lo tanto, la riqueza que hay aquí en cuanto a yacimientos arqueológicos, arte e historia de diferentes épocas.

Si se sobrevuela por Val di Chiana el aspecto que ofrece es el de un enorme tablero de ajedrez cultivado con las más diversas plantaciones: Viñedos, olivos, tabaco, maíz, trigo, etc., además de abundantes áreas dedicadas a los pastos. Se trata, en definitiva, de un rico granero lo que, junto al importante tejido industrial y empresarial de distintos sectores, hace que el nivel y la calidad de vida de sus habitantes sea elevada y relajante. Sin embargo, por lo que estoy viendo, los precios están muy equilibrados, como suele suceder cuando existe un verdadero bienestar social.

Os seguiré contando, según vaya visitando lugares y monumentos. Ahora, estoy embelesada con mi apartamento en "Villa Vignacce" y con los interesantísimos relatos de Pasquale, Annalicia y Giovanni sobre Val di Chiana.

Sylvia

miércoles, octubre 18, 2006

Monticchiello


Dentro de poco me iré de "Villa Monticchiello", por lo que esta noche, he vuelto al precioso pueblo del que toma su nombre esa villa, con la intención de dar un último paseo por Monticchiello y cenar aquí, acompañada por Carolina, una chica uruguaya muy simpática, que ejerce de médico en Montevideo, y está de vacaciones en el mismo sitio que yo.

Monticchiello es un pueblecito que, según creo, no tendrá más de 400 ó 500 habitantes. Es una verdadera joya medieval y, en aquellos tiempos, la fortaleza gozó de gran prestigio en la zona. Está tan bien conservado que pasear por aquí es una auténtica vuelta al pasado. Además, el tenue alumbrado nocturno acentúa esa sensación de estar fuera del tiempo.
Está situado en una colina y la altísima torre vigía de la ciudadela se divisa a gran distancia.

El trazado urbano del pueblo es un cruce de callecitas empedradas construídas dentro de los murallas de la antigua fortaleza del siglo XIII. La arquitectura es de ensueño y no hay nada que rompa la armonía estilística. Carolina no sale de su asombro y, como es tan expresiva, va manifestando su entusiasmo a cada paso.
Como aquí se cena temprano, hemos salido con tiempo para encontrar las tiendas abiertas y enseñarle a Carolina una tiendecita preciosa que hay junto a la Iglesia de San Leonardo y San Cristoforo, también del siglo XIII, en la que venden ropa de cama, baño y mesa de lino auténtico, trabajada artesanalmente según la tradición local. ¡No os podéis imaginar cómo son de bonitas! Carolina ha comprado un juego de toallas de lino que es de ajuar de princesa de la época.

El pueblecito se ve rápido, asi que nos hemos ido a cenar al restaurante de Daria Bonari, "Osteria La Porta", donde yo ya había comido un día y quería que Carolina lo conociera, además de presentarle a Daria que es tan encantadora como excelente chef y experta en vinos. De hecho, organiza cursos de gastronomía local y de vinos.
Daria nos ha invitado al aperitivo con vino "prosecco", un delicioso vino blanco, y nos ha recomendado empezar con unas setas de bosque recién cogidas - "funghi porcini" - y seguir con un plato de "pici" (una especie de spaghetti gruesos hechos a mano) con "cacio" (queso fresco de oveja) y pimienta. Todo exquisito y tan generosamente servido como para no poder pedir otra cosa salvo un delicado sorbete de avellanas casero.

Mientras tomábamos café y una copita de "grappa", Daria nos ha contado que en julio y en agosto, se llevan a cabo las representaciones del "Teatro Povero" de Monticchiello, de las que los lugareños son autores y protagonistas. El argumento de las obras trata de sus propias vidas, de su cultura rural, del folklore y de la historia del pueblo.
Las obras se trabajan a conciencia durante todo el año, por lo que el resultado es óptimo.
Este inusual estilo teatral goza de mucho prestigio en toda Italia e incluso en el extranjero. Por lo visto, encontrar alojamiento en la zona en esas fechas requiere reservar con mucha antelación.
En Monticchiello hay un pequeño museo dedicado a su "Teatro Povero".

Carolina y yo nos hemos despedido de Daria con dos besos sonoros, muy agradecidas por la estupenda cena y por su cordial e interesante compañía después de los postres.
La cena de las dos, vino incluído, nos ha costado unos 40 euros.

Sylvia

El Monte Amiata y Abbadia San Salvatore

Estoy ante el Monte Amiata, entre Val D'Orcia y los valles de Fiora y Paglia.
Es tan imponente que me he quedado estupefacta.
Por lo que he sabido, es la montaña más alta de Toscana. Tiene unos 1.700 metros de altitud y se trata de un volcán cuya última erupción de produjo hace cerca de 180.000 años. En la base se encuentran las fuentes de agua termal caliente, con un montón de propiedades curativas, que surten a las conocidas localidades balnearias que hay en las cercanías.
Las laderas inferiores están repletas de castaños y de hayas, y las superiores están cubiertas de bosques oscuros. Ese contraste de coloridos confiere a la montaña una belleza indescriptible.
Desde la primavera hasta el otoño, es un lugar ideal para pasear, relajarse o hacer senderismo.
En invierno se cubre de nieve y sus laderas se convierten en una renombrada estación de esquí, perfectamente equipada, en la que pasar unos días estupendos.
Además, sus bosques producen una miel exquisita, lo que añade otra medalla gastronómica a las otras muchas conquistadas por Toscana. No he podido resistirme y he comprado unos tarritos.

En las laderas orientales del Monte Amiata se erige una pequeña ciudadela medieval que se llama Abbadia San Salvatore. Toma su nombre de una antiquísima abadía que, en el siglo VIII, pasó a ser un feudo de los monjes benedictinos, quienes ejercieron su enorme poder durante siglos tanto en la ciudadela como en otras localidades de los alrededores.
Pero, al parecer, en el siglo XIII, fueron cambiando las tornas y los benedictinos se quedaron a verlas venir... La codiciada ciudad fortificada fue motivo de disputas, luchas y batallas entre los grandes señores feudales de Toscana y de la cercana Umbría, pasando sin solución de continuidad de unas manos a otras, hasta que, en el siglo VXI, se la quedaron los Medici.

Los cerca de 7.ooo habitantes de Abbadia San Salvatore gozan de un buen nivel de vida y la ciudad está perfectamente conservada. Su centro histórico es un enjambre de calles y callejuelas con edificios medievales, góticos y renacentistas. Lo más soprendente es que nunca sabes qué es lo que te vas a encontrar a la vuelta de la esquina. Puede ser una encantadora iglesita románica o un edificio gótico de ventanas diminutas o un panorama bellisímo a la campiña circundante.
En fín, que he ido de sorpresa en sorpresa. Algo así como si te hicieran un montón de regalos y, al abrir las distintas cajas, fueras descubriendo las cosas más bonitas e insospechadas.
Al terminar mi largo paseo por el centro he ido a visitar la famosa Abadía, que fue reconstruída en estilo románico en el siglo XI. Después, cuando la ciudadela pasó a manos de los Medici, su nave de crucero se actualizó de acuerdo con el estilo de la época. En su interior hay una importante y riquísima colección de obras de arte de diversos períodos históricos y abajo hay una soberbia cripta con cerca de 40 columnas con espléndidos capiteles labrados.

Mientras estaba tomando un refrigerio, acompañado de unas copitas de delicioso Rosso de Montalcino (¡tenían el de denominación Castello Banfi!, por lo que os podéis imaginar cómo me he acordado de los amigos que me acompañaron a ese castillo) la simpática camarera que me ha atendido me ha estado contando que esta ciudad conserva intactas un montón de antiguas tradiciones, entre las que destaca una fiesta que se celebra el día de Nochebuena y que consiste en que la gente del lugar, así como las personas que están de vacaciones aquí o en el Monte Amiata, desfilan portando antorchas encendidas hasta rodear la ciudad. Luego, con el fuego de las antorchas encienden una serie de hogueras y cantan villancicos. Por lo visto, esta costumbre se vienen manteniendo desde hace más de mil años.
He tomado buena nota de ello en la agenda, para venir aquí en Navidad.
Lo de ir con la antorcha y cantar villancicos lo tengo clarísimo. Con un poco de suerte, me animo a esquiar y paso unas navidades estupendas, alejada del consumismo y de los atascos de las grandes ciudades.

Sylvia.

lunes, octubre 16, 2006

San Quirico D'Orcia

Hoy, aunque estaba muy nublado, me he aventurado a visitar San Quirico D'Orcia.
Llueva, truene o caigan chuzos de punta (que no sido el caso...) no pienso perderme ninguna de las preciosidades que hay en Val D'Orcia.

San Quirico D'Orcia es una ciudad pequeñita, muy antigua y cargada de historia.
Como es habitual por aquí, es de origen etrusco y durante la Edad Media fue una ciudad fortificada que aún conserva parte de su recinto amurallado.
Esta localidad, junto a la Via Cassia y en conexión con la Vía Francigena, antiguo camino de los peregrinos europeos que iban a Roma, ha sido un punto crucial de acontecimientos históricos, de los que voy a contaros uno, suficientemente significativo por su magnitud: En el siglo XII Federico I "Barbarroja" se dirigía a Roma con su ejército para ser coronado Emperador. Se detuvieron en San Quirico D'Orcia (antes se llamaba San Quirico di Orsenna) y el entonces Papa, Adriano IV, envió a tres cardenales a su encuentro para rendirle homenaje y agasajarle por todo lo alto.
¿Os imagináis algo parecido hoy en día? Por ejemplo ¿Que un rey de algún país europeo hiciera el Camino de Santiago y al pasar por un pueblo de León se encontrara con tres cardenales haciéndole reverencias?
Claro, me pongo a pensar en esas cosas y se me quedan las ruedas del coche pegadas al asfalto.

San Quirico D'Orcia, está muy bien conservada y tiene varios momumentos emblemáticos:
La Colegiata de San Quirico y Santa Giuditta. Data del siglo XI y está construida en piedra arenisca y mármol travertino. Es una iglesia magnífica y su interior está repleto de obras de arte de distintas épocas, desde el coro barroco, pasando por un riquisímo Altar Mayor rococó, un impresionante órgano del siglo XVII, que suena divinamente, así como obras pictóricas del Renacimiento entre las que destaca un tríptico del siglo XV, obra de Sano di Pietro, y que está dedicado a San Quirico, patrón de la ciudad, maltratado y asesinado por los romanos cuando tenía 5 años por declararse cristiano.
Palazzo Chigi: Un palacio señorial y grandioso del siglo XVII, obra del arquitecto Carlo Fontana por encargo del Cardenal Flavio Chigi, entonces gobernador de la ciudad.
"Horti Leonini": Un parque muy grande, podría decirse que paradisíaco, estructurado a la manera de Jardín Italiano, cuyo perfecto trazado se le encargó a Dante Leoni en el siglo XVI. En el fondo del parque y detrás de una de las plazas más grandes del jardín se erige un bosque de estilo inglés.
Pasear por ese parque te lleva, de forma natural, de la ensoñación al éxtasis.

He comido muy bien en un restaurante sencillo en el centro de la ciudad, junto a Vía Dante Alighieri, la Trattoria al Vecchio Forno.
Como estaba lloviznando, me he sentado en el bonito comedor interior, pero he visto que tienen un delicado jardín donde comer o cenar que, cuando hace buen tiempo, debe ser una delicia.
En esta trattoria sirven unos asados y parrilladas de carne estupendas. He tomado una ensalada de rúcula y un sabrosísimo plato de carnes blancas y rojas a la parrilla con patatas fritas , y un par de copas de Rosso de Montalcino que, como ya sabéis, está de vicio.
Copas de vino excluídas, pero café incluído, me ha costado menos de 15 euros. Un precio ajustadísimo, teniendo en cuenta la muy buena calidad de la comida.

¿Que si estoy contenta de estar en Val D'Orcia? Preguntádselo a la báscula.
Menos mal que soy de constitución delgada...

Sylvia

Montalcino, sus vinos y sus monumentos.

El sábado pasado estuve en Montalcino y pasé un día maravilloso.
Desde que estoy en "Villa Monticchiello" no paro de hacer amistades, de manera que me acompañaron en mi excursión Geróme y Therèse, un matrimonio de Quebec que está de vacaciones en Toscana, pero que el domingo ya se iban a otra zona. Therèse anticipó un día la celebración de su santo para hacerme partícipe. Cuando les comenté que el sábado pensaba ir a Montalcino a Therèse le pareció el lugar y la ocasión perfectas, por lo que nos fuímos los tres tan contentos en el coche.
Montalcino, en lo alto de una colina, con un paisaje cautivador, nos sorprendió desde que avistamos la enorme fortaleza y sus murallas.
La ciudad, de origen etrusco y romano, se construyó en siglo XII y, después, como era habitual en aquellos tiempos, fue pasando de mano en mano, y en el siglo XVI fue conquistada por el ejército del Emperador Carlos I de España y V de Alemania.
Los sieneses, que entonces dominaban la ciudad, se refugiaron en la fortaleza y como símbolo de esa resistencia (que tuvo que ser de aúpa) un importante pintor de la escuela de Siena, llamado "Il Sodoma", realizó un espléndido estandarte que se conserva en el interior.
En la planta de abajo de la fortaleza, hay un local amplio y muy elegante llamado "Enoteca La Fortezza" en el que se pueden degustar y comprar los vinos exclusivos de estos lares, de renombre internacional, como el Brunello y el Rosso de Montalcino. Los precios varían, dependiendo de la añada y se trata de un vino u otro. Por ejemplo una botella de Brunello te puede costar desde 20 euros hasta más de 100 y, si hablamos de una botella con pedigree y casi única (por ejemplo, fechada en 1940) puede alcanzar hasta los 5.000 euros. El Rosso es más popular, más barato y está estupendo. Como es natural, después de haberlos probado, acompañados por unos aperitivos deliciosos, nos llevamos unas botellitas...
Por cierto, parece que hablamos siempre de vinos , pero por aquí y en toda Toscana hay, además, un aceite de oliva refinadísimo, unos quesos, carnes y embutidos de primera, y unos guisos y dulces típicos que quitan el sentido...

Una vez en el centro de Montalcino, estuvimos visitando: La Catedral de San Salvatore, románico-gótica, del siglo XIV que es una preciosidad. El frente oeste llama especialmente la atención por una ventana en mármol rosa y su puerta de acceso en mármol negro y blanco. Dentro hay frescos y pinturas de renombrados maestros de la escuela de Siena.
La Iglesia de la Madonna del Soccorso: Del siglo XVII, con una magnífica fachada neoclásica en mármol travertino. Tiene un imponente altar barroco y una estupenda serie de pinturas y de esculturas de madera. Las obras más importantes son de Vincenzo de San Gimignano, de Francesco Vanni y de Antonio y Rutilio Manetti.
Después entramos en el Museo de Arte Sacro, que está en el interior del Convento de Sant'Agostino, y allí estuvimos un montón de tiempo contemplando la estupenda colección de obras sacras, que van desde el siglo XII hasta el XVI.
En ese mismo museo hay una zona dedicada a hallazgos arqueológicos de esta zona de periodos tales como el Neolítico, las edades de Bronce y de Hierro, así como urnas funerarias y demás objetos de las civilizaciones etrusca y romana.
A la salida, estupendamente alimentados de arte y de historia, decidimos hacer caso a sendos estómagos que ¡ pobrecillos! ya estaban protestando.

Gérome - un gastrónomo de lo más sibarita - se había informado sobre el sitio perfecto para comer en Montalcino: Il Castello Banfi. Está en las inmediaciones de la ciudad y es un soberbio castillo del siglo XII, completamente rehabilitado para albergar un restaurante señorial en el sentido literal de la palabra; las enormes bodegas abiertas al público en las que hay inumerables barriles que contienen sus propios y extraordinarios vinos con denominación de origen, procedentes de los viñedos de su finca, así como una encantadora taberna, de muy bien logrado estilo medieval, situada bajo las antiguas cantinas del castillo. Ahí nos sentamos a comer.
Nos decidimos por probar un menú degustación, acompañado de copas de vinos adecuados a cada plato y nos sirvieron unos entremeses de exquisito jamón y embutidos locales, unas "tagliatelle al ragú" ( la pasta es de elaboración casera) que quitaban el hipo y, después, una bandeja con un abundante y selecto surtido de quesos locales que, como os he dicho antes, merecerían que resucitara Petrarca y les dedicara una loa. Vinos incluídos, la opípara comida costó unos 45 euros por persona.
Nos dimos un buen paseo para bajar la comida y regresamos a "Villa Monticchiello" pues mis nuevos amigos canadienses tenían que preparar las maletas para seguir su viaje por Toscana.

Sylvia

viernes, octubre 13, 2006

Pienza y Bagno Vignoni


Ya es por la noche, pero estoy tan entusiasmada con las excursiones que he hecho hoy que no quiero dejar esta página para mañana.

Pienza es una pequeña y preciosa localidad renacentista, en el corazón de Val D'Orcia, donde en el año 1405, nació el Papa Pío II, miembro de la poderosa familia Piccolomini.
Cuando, a los 53 años, fue nombrado Papa, se dispuso a hacer de Pienza una ciudad que constituyera el paradigma del Humanismo renacentista. Para tal fin, encargó al arquitecto Andrea Rossellino la construcción de la Catedral (Il Duomo), su palacio papal y el Ayuntamiento.
Rossellino cumplió con los árduos e impresionantes encargos en sólo 3 años.
La Catedral, de proporciones perfectas, tiene un interior tan luminoso que parece un templo de cristal, gracias a sus enormes vidrieras. Es como estar presenciando un milagro de luz.
El Palazzo Piccolimini, fue la residencia del Papa y es austero y elegantísimo. Actualmente, está abierto al público y se pueden visitar las estancias privadas de Pío II y la magnífica biblioteca.
En la parte de atrás, hay un estupendo patio con soportales y una gran logia desde la que se avistan las laderas del Monte Amiata.
También he visitado la iglesia di Pieve di Cosignano, a las afueras de Pienza, que es donde bautizaron al Papa. Es muy bonita y tiene una peculiar torre cilíndrica.

Luego, me he ido a comer a "Il Chiostro", un exclusivo hotel relais en el centro de Pienza que cuenta con un restaurante de gran prestigio en la zona. Se trata de un convento del siglo XV, completamente rehabilitado con un gusto exquisito. En una terraza, que es como un jardín colgante, tienen un restaurante con un panorama fantástico. Por lo que me he decidido por comer al aire libre y disfrutar de las vistas. He tomado una deliciosa "bruschetta" y un suculento bistec "a la fiorentina". ¡Qué barbaridad! ¡Qué bueno estaba!. Para no indigestarme, de postre he pedido un sorbete de limón. Maurizio, el maitre, me había aconsejado un tinto excepcional: "Vino Nobile" de Montepulciano, que ha sido un acierto en plena regla.
Estaba tan feliz que no he querido marcharme sin felicitar antes al cocinero, Rosario (en Italia es un nombre masculino). Como ya había hecho muy buenas migas con Maurizio, me lo ha presentado enseguida y he term¡nado dándoles un abrazo a los dos, además de prometer volver un día de estos. He pagado 45 euros, lo que está muy bien para un sitio tan especial.

A continuación, he cogido el coche y me ido a Bagno Vignoni, con la intención de darme un buen paseo por esa cercana y reconocida localidad balnearia. El pueblo es encantador y su estructura ha permanecido tal cual era en el siglo VXI, en los tiempos en que la familia Amerighi administraba la ciudad. La plaza principal es sorprendente, ya que su entorno arquitectónico está alrededor de una inmensa piscina de aguas termales en ebullición.
A tomar estas aguas, han venido a lo largo de los siglos personajes históricos tan ilustres como el Papa Pío II, Santa Caterina de Siena y Lorenzo el Mágnifico. De hecho, varios de los espléndidos edificios que rodean la plaza los proyectó el arquitecto Rossellino ( ¡El Papa no se desprendía de él ni a tiros!). Me han llamado mucho la atención los soportales de esta plaza, construídos en honor a Santa Caterina de Siena. Son de una delicadeza modélica. En uno de sus pilares hay una tabla de mármol incrustada, en la que están grabados los versos que el poeta renacentista sienés del siglo XVI, Lattanzio Tolomeo, dedicó a las Ninfas de las aguas.
Fuera ya del centro histórico, hay numeros y excelentes hoteles SPA en los que se alojan gentes de todo el mundo para hacer tratamientos termales y de belleza.
Por lo que me parece que para disfrutar de esas delicias voy a tener que repartirme en trocitos por todas las estupendas localidades balnearias que hay en Toscana.

Sylvia

Castiglione D' Orcia y Bagni San Filippo


Ayer por la mañana, desde Villa Monticchiello, en la que sigo encantada tanto por su belleza y comodidades como por el trato estupendo que deparan a sus clientes, decidí hacer una excursión en coche a Castiglione D'Orcia y a Bagni San Filippo.
Villa Montecchiello está tan bien situada que con el coche se llega enseguida a todas las localidades de Val D'Orcia, cada una con sus peculiaridades y a cual más bonita e interesante.

Castiglione D'Orcia, es un pueblo antiquísimo y precioso. Fue una fortaleza, dominada en el siglo I por los Aldobrandeschi. Desde un parque, que hay junto a las ruinas de la fortaleza situada en lo alto de la colina, hay unas vistas maravillosas que abarcan todo el pueblo, la cercana fortaleza de Tentennano y el Monte Amiata. Es una verdadera gozada.
Las callecitas de Castiglione D'Orcia están empedradas con guijarros y en el centro del pueblo hay una plaza tan original como preciosa, conocida como Piazza Il Vecchietta, un artista del siglo XV, que, como tantos otros humanistas del Renacimiento en Toscana, era un prodigio tanto en pintura como en escultura y arquitectura.
En la plaza estuve visitando el Ayuntamiento que se extiende de un lado a otro de la plaza, creando un entorno emblemático. También visité la iglesia románica de Santa Maria Maddalena y la iglesia renacentista de I Santi Stefano e Degna, que está considerada la iglesia más importante del pueblo, ya que hasta hace poco ha albergado obras sacras de Simone Martini y de Pietro Lorenzetti, actualmente en proceso de restauración en Siena.
A todo esto, me había entrado un hambre tremenda, por lo que tras una vuelticita por las tiendas y galerías de artesanía del pueblo, en las que se venden cosas lugareñas de muy buen gusto y nada caras, cogí el coche y me fui a comer a un restaurante que me había recomendado el simpatíquisimo dueño de una de esas tiendas. ¡Hay que ver lo encantadora y educada que es la gente que me estoy encontrando por aquí!.
El restaurante es "I tre Rioni" y se encuentra en Campiglia D'Orcia, un pueblecito cercano.
Se trata de una elegante hospedería, con un restaurante en el que se come de fábula.
Tomé una ensalada de pecorino (un exquisito queso de oveja típico de Toscana) con peras y rúcula y, después, un tiernísimo escalope de ternera con auténticas setas de bosque ("funghi porcini") aromáticas y deliciosas. Todo ello acompañado de un vino blanco fresquito y excelente: Collazzi Bianco di Montepulciano. Después del postre y del café, el Maitre me invitó a una copita de "acquavite" de hierbas, un licor fuerte, pero de sabor muy delicado.
Me fuí tan contenta, y no sólo por el licorcillo..., sino porque la comida había sido estupenda y la relación calidad/precio es muy equilibrada. Gasté unos 35 euros, incluida la propina.

Bagni San Filippo es un pueblo pequeño y bonito con un paisaje de lo más característico, a consecuencia de los depósitos calcáreos, blanquecinos, que circundan las termas. Éstas, ya gozaban de gran prestigio en la antigua Roma y se restauraron en el siglo VXI, por iniciativa de Cosme I de Medici. En "La Mandragora" de Maquiavelo hay un pasaje dedicado a ellas (otro libro para releer en Villa Monticchiello, después de cenar).
Esta localidad tiene cinco manantiales de aguas sulfurosas de importantes propiedades curativas cuya temperatura asciende a 52º C. Hay muchos y muy buenos hoteles SPA a los que acuden italianos y extranjeros, para disfrutar unas vacaciones sanas y relajantes.

La próxima extranjera voy a ser yo. Cargadita de libros y de buena música y ... a ponerme como una rosa de pitiminí. Ya veréis como algún buen escritor me saca en una novela.

Sylvia

martes, octubre 10, 2006

Sarteano y Cetona

Como os decía en mi anterior página dedicada a Villa Montichiello y a Radicofani, volví a coger el coche para ir a Sarteano. En cuanto vislumbré el imponente Monte Cetona, supe que estaba a punto de llegar. De hecho, da la sensación que Sarteano se apoya en dicha montaña. Es una ciudad pequeñita y encantadora, de orígen primero etrusco y después romano, si bien sus características arquitectónicas son, fundamentalmente, medievales y renacentistas.

Sus orígenes están confirmados por importantes hallazgos arqueológicos. En el emplazamiento de "Le Tombe" se han encontrado numerosas tumbas, urnas y joyas procedentes de la civilización etrusca. Por otra parte, en las inmediaciones de Sarteano se ha encontrado la urna del antiguo patricio romano Lucio Sartorio. Es probable que su nombre proceda de áquel: Sertorius.
Su ubicación es extraordinaria. Está situada entre suaves colinas y desde lo alto de la ciudad se disfruta de un estupendo panorama a Val di Chiana, Val di Arezzo y a la cercana Umbría.
La ciudad, perfectamente conservada, se erige junto a un sólido y austero castillo medieval, construido en piedra.
En el interior de Sarteano hay varios monumentos históricos, construídos entre los siglos XII y XVI, que destacan por su interés artístico, como la Iglesia de San Lorenzo (siglo XIII); la Iglesia de San Francesco (siglo XIV) con bellisímas obras pictóricas de Jacopo di Mino y de Girolamo Della Pacchia; el espléndido Palacio Piccolomini (siglo XVI) cuya estructura interna renacentista es digna de asombro. Cerca de ese Palacio, está la Iglesia de San Martino in Foro que conserva obras de Jacopo de Mino y de Andrea di Niccolò. Y, por supuesto, el Museo Arqueológico que contiene verdaderos tesoros de su antiguo pasado etrusco y romano.
A continuación, llegué con el coche en un periquete a Cetona.
Se trata de otra pequeña, pero interesantísima, ciudad medieval que fue una ciudad fortificada hasta el siglo XVI. Al igual que la vecina Sarteano, está situada entre delicadas colinas llenas de cipreses y de pinos, con un panorama extraordinario al Monte Cetona. En distintas cuevas de esta montaña se ha hallado probablemente el yacimiento de la Prehistoria más importante de Valdichiana, que atestiguan la presencia del hombre desde el Paleolítico hasta el final de la edad de Bronce. Todo ello está perfectamente documentado en el "Museo Civico per la Preistoria del Monte Cetona". Sin duda, una institución que merece una visita esmerada.
Por otra parte son dignos de interés: El torreón cuadrado de la antigua ciudadela (siglo I) y los torreones cilíndricos, construídos muchos siglos después (hacia el siglo XV).
La Iglesia de San Michele Arcangelo (siglo XII) que contiene frescos atribuídos a Cola Petrucci. La Iglesia de la Santísima Trinidad (siglo XV) en cuyo interior hay un magnífico ciclo de frescos de Pinturicchio.
La Plaza Mayor y el Palacio Vitelli, ambos del siglo XVI, cuando Cosme I de Medici, Gran Duque de Toscana, le concede la ciudadela al Marqués Chiappino Vitelli, quien la transforma en ciudad.
Estando aquí, donde la gente es encantadora, me he enterado que el último Domingo de Carnaval hay una celebración de especial interés cultural, que consiste en un desfile de carros y de numerosos grupos de personas con disfraces de época. Debe ser un espectáculo impresionante, a lo largo de este trazado urbanístico medieval, escrupulosamente respetado.
En esas fechas tengo que volver y participar de esa experiencia. Ya veré cómo me las arreglo para conseguir un disfraz a la altura de las circunstancias.
Ah, ¡Ya lo sé! pero no os lo puedo decir, no vaya a ser que alguien se me adelante...
En su momento, lo descubriréis vosotros mismos.
Sylvia






Ya estoy en Villa Monticchiello


Pues sí, así es. Llegué el domingo a primera hora de la tarde, procedente de Madrid.
Hacía mucho tiempo que había tomado la decisión de alojarme en esta villa, junto al pueblo "Le Foce", para empezar desde aquí mi periplo por Toscana. En teoría, creía saberlo todo sobre esta soberbia casa de campo muy cerca de la Villa donde residió hasta su muerte la gran persona y escritora Iris Origo, pero cuando llegué a la finca la realidad superó con creces cualquier idea previa.
¡Es espectacular! Tanto por sus vistas sobre la bellísima Val D'Orcia, así como por la villa en sí misma: Luminosa, espaciosa, muy elegante y con todas las comodidades a tu alcance. Me han asignado una habitación preciosa y muy amplia que asoma al jardín, con un estupendo cuarto de baño. Esto es de fábula y, además, me están tratando divinamente.
Ayer, a primera hora de la mañana, después de un delicioso desayuno en "Villa Monticchiello", cogí el coche y me fuí a Radicofani que está muy cerquita: Una pequeña ciudad de origen etrusco. Me quedé impresionada por los vestigios de la que fuera una antigua fortaleza medieval. Estuve paseando por ahí y luego me adentré hasta el centro donde admiré el Palazzo Pretorio, la Iglesia de S. Agata (gótica con obras de Andrea Della Robbia), la Iglesia de S. Pietro (románica, que alberga obras de la escuela de los Della Robbia) y, cuando descubrí los jardines que hay junto a esa iglesia, se me apareció de frente la bellísima estatua en piedra de basalto dedicada a Ghino di Tacco: El héroe local por excelencia que, en el año 1295, conquistó la fortaleza, arrebatándosela al señor feudal de turno, sucesor de otros poderosos de Toscana (los Aldobrandeschi, los Condes de Chiusi, etc.) que llevaban siglos luchando "a brazo partido", contendiéndose estos lares. Ghino, además de guerrero, era un aristócrata que ejercía de salteador de caminos (el Robin Hood toscano) en beneficio de los más pobres. Un gentilhombre y, a decir por la estatua, guapísimo. Vamos, como para enamorarse perdidamente de él.
Después, estuve comiendo en "La Grotta". Ahí se come de locura, por muy poco dinero. Tomé unos deliciosos raviolis con trufa negra fresca, acompañados por el excelente vino de la casa.
Volví a los jardines a reposar un poco la comida, pero, sobre todo, para sentarme a contemplar una vez más a Ghino di Tacco, cuya legendaria figura fue recreada por Dante, en "La Divina Comedia" y por Boccaccio en "El Decamerón".
Un ratito más tarde me fuí a Sarteano y, luego, a Cetona. Pero eso os lo cuento en la próxima página. Disculpadme, pero ahora estoy leyendo los versos que Dante le dedicó a Ghino di Tacco (Purgatorio, Canto VI, La Divina Comedia):
..."Quiv'era l'Aretin che dalle braccia/fiere di Ghin di Tacco ebbe la morte/ e l'altro ch'annegò correndo in caccia"...

Sylvia

sábado, octubre 07, 2006

El Otoño llega en Toscana

Hoy sábado 7 de Octubre hemos por la primera vez desde el final de verano encendido la chimenea. Los colores otoñales poco a poco se apoderan del paisaje Toscano a mi alrededor. Las colinas dejan el color amarillo del trigo por el color marrón de la tierra arada y la lluvia cae dulcemente. Decido salir y disfrutar del día gris porque si a algo sirvió al año que pase en Londres fue a aprender a disfrutar de los días así. Billy mi fiel Golden Retriever me acompaña en el paseo por las tierras alrededor de aquella casa rural que hoy es mía y que ha pasado por generaciones en mi familia. El perro indiferente por la lluvia busca los charcos para darse un baño y luego ensuciarse en el barro, odio esto¡ pasa cada vez que llueve¡ pienso en pegarle, pero cuando vuelve con su cara de buen perro y me lame las manos me es imposible. Pienso, Los perros son súper pelotas¡ saben perfectamente como cogerte cuando hacen algo malo...., la campaña alrededor, la lluvia hacen de este lugar un sitio único lleno de emociones y sensaciones.

viernes, octubre 06, 2006

Iris Origo: Una gran escritora. Una mujer valiente.


Las amenazas de los fascistas y de los alemanes están remitiendo. Llegarán tiempos en los que los jóvenes regresarán a los campos y la rugosas cimas de Valdorcia volverán a florecer como si fueran rosas. La muerte y la destrucción nos han visitado, pero se empieza a respirar una cierta esperanza". De "La Guerra en Valdorcia". Julio de 1944. Iris Origo nace en 1902, de padre norteamericano y de madre anglo irlandesa. Su infancia transcurre entre EEUU e Inglaterra. Posteriormente se traslada a Florencia, donde recibe una educación exquisita y cosmopolita, rodeada de prestigiosos intelectuales y literatos. En 1924, tras casarse con un aristócrata toscano, Antonio Origo, fija su residencia en Valdorcia, al sur de Siena y cerca del pueblo de La Foce, en una espléndida casa de campo construída en una finca de cultivo de más de 1.400 hectáreas, situada en la ladera de una de las colinas que rodean esa zona de Toscana. Alli permanece hasta su muerte, en 1988.En Valdorcia se empeña con rigor y pasión en perfeccionar su talento literario, logrando destacar por sus ensayos y biografías de personajes célebres, como Leopardi, Marco Datini y San Bernardino de Siena. Lleva a cabo también su autobiografía "Imágenes y Sombras" y el libro que, probablemente, es la obra cumbre de su narrativa "La Guerra in Valdorcia", cuya temática se basa en su diario, en el que revela tanto su propio microcosmos como la la descripción de una época dramática y de cambios radicales e inevitables, después de siglos de vida rural inmutable.En estos tiempos de recuperación de la memoria histórica, constituye una obligación moral resaltar que Iris Origo no se dedicó sólo a la literatura. Fue, ante todo, una mujer valiente, altruista y anticonvencional, teniendo en cuenta su elevada posición social, su entorno y su época. Desde el primer momento, se ocupó con denuedo en ir mejorando, moral y materialmente, la calidad de vida de los campesinos. Fundó un centro de asistencia médica y varios colegios. Contribuyó al desarrollo de las actividades parroquiales y construyó una casa para niños huérfanos o en estado de abandono. Durante la Segunda Guerrra Mundial, su coraje y su generosidad se acrecientan hasta el punto de trasladarse dos años a Roma para formar parte de la Cruz Roja. Después, regresa a su finca en Valdorcia con el ánimo de acoger ahí a los niños desalojados de las grandes ciudades asoladas por la guerra. Por otra parte, ayuda y protege a los combatientes en peligro que se cruzan por su camino: Desde soldados en desbandada, hasta prisioneros en fuga o activistas partisanos. En todo momento es consciente del enorme riesgo que corre, sobre todo durante la ocupación alemana, pero nada se interpone ante lo que sería el principal objetivo de su vida: Ayudar a los necesitados, a aquellos cuyas vidas peligran.Hoy en día, "Villa Valdorcia", la que fuera la magnífica residencia del matrimonio Origo, se ha convertido en una casa de campo de turismo rural, en la que disfrutar de unas vacaciones únicas y entrañables. La villa sigue estando inmersa en una finca de terreno cultivado, en un entorno natural absolutamente privilegiado. Conserva su arquitectura original y su interior está dotado de todas las comodidades actuales. Tiene 5 elegantes dormitorios, con sus correspondientes cuartos de baño, pudiendo hospedar hasta 10 personas. "Villa Valdorcia" se alquila como villa completa o por habitaciones, con desayuno incluido.

Eugenia

jueves, octubre 05, 2006

El Teatro del Maggio Musicale Fiorentino

La música en Florencia mantiene, desde el siglo VXI, un papel fundamental en Europa, tanto desde el punto de vista compositivo como interpretativo.

El templo musical por excelencia de Florencia es el Teatro del Maggio Musicale Fiorentino. Su sede está en el Teatro Comunale, donde se celebran las temporadas del "Maggio Musicale". Junto a los festivales de Salzsburgo y de Bayreuth, es el festival de múisca culta más antiguo de Europa. Sus temporadas anuales, desde el otoño hasta el verano, en las que se representa ópera, conciertos de música sinfónica y de cámara, gozan del máximo prestigio en el mundo entero. Su sede, el Teatro Comunale, data de 1862 y es obra del arquitecto Telemaco Bonaiuti. Empezó como una "arena" y, posteriormente, se llevó a cabo su estructura actual, cerrada. Cuenta con un aforo para 2.000 espectadores. Junto a la sala principal se encuentra el "Teatro Piccolo". Un teatro moderno y mucho más pequeño, con un aforo para 600 espectadores.
El Teatro Comunale ha tenido que reconstruirse en dos ocasiones. La primera, a causa de los bombardeos padecidos en Florencia durante la Segunda Guerra Mundial. La segunda, en 1966, con motivo del tremendo aluvión que inundó la ciudad. Pese al estado desolador en el que quedó el teatro, las respectivas reconstrucciones se llevaron a cabo con un rigor y una rapidez ejemplares.

En el siglo XX, las figuras más relevantes de la música han pisado el escenario del "Maggio Musicale", en su sede del Teatro Comunale. En cuanto a directores de orquesta cabría destacar a personalidades de la talla de Bruno Walter, Vittorio Gui, Wilhem Furtwangler, Dimitri Mitropoulos, Herbert Von Karajan, Zubin Mehta o Riccardo Muti. Además, han actuado celébres compositores, intérpretes de su propia música, como:Ricahrd Strauss, Pietro Mascagni, Bela Bartok, Paul Hindemith, Igor Stravinsky, Luigi Nono, Stockhausen o Luciano Berio. Asimismo, la inolvidable Maria Callas fue intérprete asidua del Teatro del Maggio Musicale Fiorentino, en calidad de protagonista de las óperas más célebres de su amplísimo repertorio. Entre los directores de escena se podrían nombrar, en otros de gran prestigio, a Max Reinhardt, Gustav Gründgens, Luchino Visconti, Franco Zefirelli, Luca Ronconi, Oscar Kokoschka o Giorgio de Chirico.

La temporada del Teatro del Maggio Musicale Fiorentino 2006/07, empieza este mes de Octubre con "El Barbero de Sevilla" de Gioacchino Rossini. Dirigirá la orquesta Roberto Abbado, con la dirección escénica de José Carlos Plaza. El elenco de cantantes está integrado por: Alessandro Corbelli, Daniela Barcellona, Roberto Frontali y Giovanni Battista Parodi.

Y después de una magnífica representación ¿Qué se os ocurre?.
Pues, como es natural, coronar la velada con una cena estupenda.

En Florencia hay muchos buenos restaurantes, pero os voy a recomendar un par de ellos para una ocasión tan especial.

Uno, es " I Quattro Amici". Se encuentra en Via Orti Oriccellari, 29, en pleno centro histórico. El teléfono es: + 39 55 24 277. Su especialidad es el pescado. Un pescado fresquísimo que viene a diario del Puerto de Santo Stefano. Lo cocinan tan variada como divinamente. De hecho, han ganado una estrella Michelin.
El precio por persona por una cena suculenta está entorno a los 30 ó 50 euros.

El otro, es "La Enoteca Pinchiorri". Está en Via Ghibellina, 87. El teléfono es: + 39 55 24 2777.
Está considerado como uno de los mejores restaurantes de Europa. Cuenta con una de las mayores bodegas imaginables: 80.000 botellas, más o menos.
Se trata de un lugar exclusivo, muy elegante. La cocina es creativa, basada en la mejor tradición de la gastronomía toscana. Cada plato va acompañado del vino adecuado.
Una cena exquisita puede estar entorno a los 60 ó 70 euros por persona.

Si os apetece invitarme, no tenéis más que llamarme. Acudiré enseguida.

Figaro












Recuerdos de un día de Septiembre en Florencia

Tendría yo unos 19 ó 20 años. Acompañaba a mi madre a Florencia para visitar allí a una de sus mejores amigas de la infancia, amistad que se mantuvo hasta el fallecimiento de aquella.
Matilde Capuis, gran persona y excelente músico y compositora de reconocido prestigio. Su larga vida profesional había transcurrido en Turín, trasladándose después a Florencia. Yo admiraba profundamente a Matilde, de ascendencia germano suiza por línea materna, pero esas arraigadas raíces germánicas le conferían un carácter casi castrense. En su casa y fuera de ella, cuando salíamos las tres a visitar Florencia , todo estaba programado a estricto golpe de reloj y campanilla. Mi madre estaba encantada (eran muy parecidas...), pero yo lo llevaba fatal. Por eso, un día, alegando una serie de excusas, logré escaparme para visitar Florencia a mi antojo, libre por fin de la ferrea batuta de mi querida anfitriona.

Me dirigí rápidamente al Ponte Vecchio, donde su singular belleza y el entusiasmo por todas las tiendecitas y puestos, en los que se vendían artesanías de todo tipo y complementos como bolsos, billeteros, joyería y bisuteria, me hicieron perder la cabeza, gastando una buena parte de mis escasos ahorros en comprar objetos de lo más chic, que aún conservo como "oro en paño".
Después, con las bolsas de mis compras a cuestas, me fuí a visitar la Iglesia de Santa Croce, cuyo aspecto exterior me había dejado encandilada unos días antes.
Esa gran iglesia, de estilo gótico, data del siglo XIII. El interior es sublime pues, entre otras obras de arte de ese período, sus paredes están afrescadas por Giotto. No se cuánto tiempo pude pasar ahí adentro, deteniéndome también ante las sepulturas de Miguel Ángel, de Galileo Galilei y del gran poeta Ugo Foscolo (yo era y sigo siendo un devoradora de poesía). Tambíen visité su magnífico claustro y la "Capilla dei Pazzi", obra espléndida de Brunelleschi quien la construyó por encargo de esa ilustre familia florentina.
Sin pensar en ningún momento qué hora podía ser, me fuí al Museo de los Uffizi, que ya había visitado con ellas, pero con la intención de perderme en la contemplación de un cuadro de Paolo Uccello (de la llamada escuela de los primitivos o primer renacimiento) que me había impresionado especialmente: "La Batalla de San Romano". Me quedé extasiada, observando hasta los más pequeños detalles del cuadro. Desde entonces, no he dejado de visitar en Tocana o en Italia cualquier lugar, museo o exposicíón que contenga algún cuadro de Paolo Uccello, un pintor que desde entonces forma parte de mi vida interior.
Cuando quise llegar a casa de Matilde, que vivía cerca de Via Tornabuoni, en la que también me detuve un buen rato ante los espléndidos escaparates de sus tiendas de alta moda italiana, era ya tardísimo. Mi madre, enfadada por mi impropia actuación como invitada, me echó una buena bronca. Matilde me miraba de reojo... Lo aguanté en silencio, sustentándome en la excepcional experiencia vivida ese día y en el contenido de mis bolsas, repletas de artículos ideales comprados en el Ponte Vecchio.




lunes, octubre 02, 2006

Montepulciano y el sur de la Toscana

Montepulciano es un estupendo pueblo situado en el sur de la Toscana cerca de las regiones de Lazio y Umbria. El Pueblo desde sus casi 600 metros es el lugar ideal para pasar las calurosas noches del verano y para gozar de uno de los más hermosos panoramas de la Toscana. Por un lado la Val dichiana hasta el lago trasimeno y la ciudad de Cortona y por otro la Valdorcia con sus dos Montañas El Monte Cetone y el Monte Amiata. Montepulciano os entrará en el corazón no solo por la belleza estetica del lugar sino también por los exelentes vinos que se pueden beber como por ejemplo el famosos Nobile di Montepulciano. Si os encontrais en Montepulciano no os podeis absolutamente perder una visita a San Biagio que es desde mi punto de vista es la catedral más bonita del pueblo y si quereis comer una visita al restaurante il Pozzo di Pulcinella que hacen unas increibles pizzas napolitanas.

Articulo escrito por Marco - Florencia 1 de Octubre

domingo, octubre 01, 2006

Historia del Turismo Rural en Toscana


El turismo rural en la Toscana se empezo hace casi dos siglos cuando los lords ingleses venian a cazar en toscana. El Turismo ingles, nuevamente, alrededor de los años 80 empieza a revalorar esta bonita region en el corazón de italia e muchos intelectuales e artistas ingleses deciden de comprarse una de las muchas casas rurales abandonadas con la industrializacion de los años 50. Son los ingleses y luego los alemanes los nuevos colonizadores de la Toscana y gracias a ellos se recuperan muchas de las bellas mansiones perdidades en las bonitas colinas del Chianti, de la Valdorcia y de la zona de Siena. La región Toscana en los años 90 empieza a entender el potencial del turismo y con abundantes subvenciones ayuda a muchos agricultores a restructurar sus casas de campo sus macias y sus casas patronales. Hoy dia el turismo rural en la Toscana es sin duda de los más profesionalizados al mundo aunque falta aun mucho recorrido para poder organizar bien todo el fenomeno. Un primer empuje deberia venir con la ampliación del aereopuerto de Florencia aunque interventos de formación y porque no una carrera dedicada al turismo rural ayudaria mucho a profesionalizar aun más el sector.